Una investigación de la Universidad de Córdoba demostró la calidad del agua del río Sinú peligra debido al uso de plaguicidas y metales pesados en la región.
 

Existe allá en lo alto del río una naturaleza casi intacta. Existes tú, Viajero del río, Y existe el río. Este poema que el escritor cartagenero Raúl Gómez Jattin le dedicó al Valle del Sinú podría estar equivocado. De acuerdo con un estudio realizado por investigadores del Laboratorio de Agua de la Universidad de Córdoba, el río Sinú –fuente principal de agua para Córdoba y Sucre– está contaminándose por el uso de plaguicidas y metales pesados.

La investigación tomó 16 muestras en 16 puntos distintos del trayecto del río, desde su nacimiento, en el Nudo de Paramillo, hasta su desembocadura, en el mar Caribe. La conclusión es que los metales pesados como hierro, zinc, manganeso, cadmio y plomo están presentes tanto en el agua como en los peces, igual que los plaguicidas, sobre todo en Lorica, Chimá, Momil y Purísima.

Lo grave es que la investigación concluyó que la cosa se pone peor en invierno, pues los sedimentos se mueven y las partículas de metal se liberan. Y rrecisamente, el primer día de agosto de este año, el IDEAM y el Grupo de Gestión de Riesgo de la CVS emitieron una alerta roja en las cuencas del río Sinú y San Jorge, sobre todo para los municipios de Lorica y San Bernardo del Viento. El río ya está desbordado y tiene con el agua a las rodillas a 60.000 ribereños.

Según el investigador principal, el profesor Edineldo Lans Ceballos, la particularidad de este estudio es que calculó la cantidad de metales en el agua que son asimilados por los organismos. Es decir, son elementos que no pueden ser filtrados en los procesos convencionales de tratamiento de agua –a pesar de que se vea cristalina– ni eliminados del organismo. Todo eso se suma al hecho de que son acumulativos, como una mancha que no quita nunca.

En exceso, estos metales afectan las vías respiratorias y digestivas, comprometen la reproducción de ADN, pueden provocar úlceras, irritación de la piel, anemia, perturbar el metabolismo de proteínas y generar otras adversidades para la salud humana y la vida.

En cuanto a plaguicidas, el panorama no mejora. Prácticamente todos los plaguicidas sintéticos son tóxicos en mayor o menor grado, y como son compuestos que no se degradan, comienzan a acumularse. Según el Instituto Colombiano Agropecuario, en Colombia hay 2.000 plaguicidas registrados que están permitidos y en uso, y unos 63 elementos prohibidos o suspendidos por usar elementos tóxicos como el mercurio. Los plaguicidas que son bañados son arrastrados por el viento, caen con las gotas de lluvia y viajan en el cauce de los ríos. Mejor dicho, mientras usted lee esto, las aguas del río Sinú se vuelven cada vez más tóxicas.

Aunque sus efectos no sean visibles inmediatamente, causan trastornos hepáticos, erupciones en la piel y los ojos, el sistema nervioso central y es sabido por muchos que pueden ser carcinógenos.

¿Cómo midieron la contaminación del Sinú?

Si bien la Corporación Autónoma Regional del Valle del Sinú y San Jorge tiene un Laboratorio de Aguas para testear el río, el estudio de la Universidad de Córdoba fue el primero en diseñar una línea base para medir la calidad del agua del río Sinú, que es el recurso hídrico principal de ocho municipios, incluida Montería, y la totalidad de la población indígena zenú.

El índice de calidad del agua, WQI, (por su sigla en inglés), que en español es conocido como ICA, nació en los años setenta y en la actualidad es utilizado para supervisar la calidad de los ríos a través del tiempo y comparar aguas de abastecimiento en Estados Unidos y muchos países del mundo. Se calcula de 0 a 100, siendo 0 el agua más contaminada, y 100 de excelente calidad. El río Sinú se sacó entre 51 y 70 puntos.

Con esta herramienta las autoridades ambientales tienen el insumo para comparar el estado del agua a través del tiempo y tomar medidas al respecto. Pero hay un detalle: este estudio no es nuevo. Se empezó en 2009 y fue publicado en 2015, desde entonces ninguna otra investigación se ha ocupado de medir la calidad del agua del río Sinú, que según el profesor Lans Ceballos, “debe estar empeorando”.

Si no hay estudios, es porque no hay medidas, es decir, instrumentos o sistemas para vigilar la calidad de las aguas superficiales: ríos, ciénagas, quebradas, lagunas, etc. Por eso este estudio recurrió a las medidas que proponen países como Ecuador, Estados Unidos y Alemania para determinar qué tan malo es malo.

Según Lans Ceballos, “no podemos saber de dónde viene la contaminación y no hay estudios que respondan a esta pregunta.Pero es muy claro que la agricultura, la ganadería extensiva, el mal manejo de plaguicidas y de otros desechos es la causa principal de que el río Sinú tenga un nivel de contaminación medio”.

Sin duda, el estudio es una alarma para los ocho municipios que baña y que dependen de la siembra, la pesca, la ganadería, la minería arenera o la contratación de transportes improvisados. Es preocupante sobre todo para el pueblo indígena Zenú, una comunidad anfibia cuya supervivencia depende de la salud del río y de los peces que lo habitan.

(Fuente : El Espectador )

Tras conocerse un vídeo en el que un camión de la compañía vertía residuos de cemento sobre este río, en el municipio de Valencia, Córdoba, la firma condenó el acto y aclaró que el responsable fue despedido.
A lo largo de este fin de semana varios usuarios empezaron a compartir un curioso vídeo. En este se puede ver un camión de Argos desechar un vertimiento de cemento en el río Sinú, en el municipio de Valencia, Córdoba.  Cerca del lugar, aclararon en redes algunos usuarios, se está construyendo un puente, razón por la cual el camión estaba en la zona.

Tras conocer los hechos, expertos de la secretaria general de la gobernación de Córdoba, así como de la Corporación de los Valles del Sinú y San Jorge, anunciaron que realizarán una investigación.

Por su parte Cementos Argos, a través de un comunicado, explicó que elvertimiento fue realizado por un tercero que le presta servicios de transporte a la compañía y pidió disculpas por la situación.

“En Argos rechazamos enfáticamente este tipo de acciones y reiteramos nuestro compromiso con el cuidado del medio ambiente”, afirmó la compañía Igualmente, aclaró que ellos mismos presentaron una queja ante las autoridades ambientales y que durante el día sábado una equipo de expertos ambientales de Argos fue a la zona para poder presentar un plan de mitigación.

Finalmente, Tomás Restrepo, vicepresidente de la Regional Colombia también se pronunció, dejando claro que la persona que hizo el vertimiento fue despedida con justa causa y que se evaluarán acciones legales en contra del responsable. (Fuente : El Espectador)

 

Esto encontró un modelo de simulación desarrollado por la Universidad Central. Entre los años 2017 y 2030 se habrán desechado casi 400 millones de celulares.

Aunque es un tema que consideramos poco a la hora de comprar un celular, estos aparatos también son una de las principales fuentes de emisiones de gases efecto invernadero. Por lo menos, eso fue lo que concluyó un modelo de simulación realizado por la Universidad Centralde Colombia, pues encontró que sólo en 2016 los celulares llegaron a emitir hasta 843,3 toneladas de dióxido de carbono (CO2) en el país.

Para llegar a esta cifra David Ruíz, estudiante de Ingeniería Ambiental, bajo la dirección de la profesora Sandra Bautista, desarrolló una serie de ecuaciones que le permitieron simular cuántos residuos genera un celular en un ciclo de vida de cuatro años. 

La fórmula tuvo en cuenta varios factores, tanto económicos como ambientales. Algunos de los que entraron en el primer grupo son las variables  que tiene en cuenta la Superintendencia de Industria y Comercio a la hora de poner multas al mercado de telefonía móvil, el PIB per cápita, el factor de reúso y las líneas celulares por cada 100 habitantes en Colombia, entre otras. 

Por su parte, los factores ambientales que se tuvieron en cuenta fueron el consumo de energía de cada teléfono, el factor de emisión, el peso y los resultados de unas encuestas realizadas entre 2008 y 2014. Con toda esta información, además, se realizó una proyección desde el año 2015 hasta el 2030.

Así el modelo encontró que sólo en el año 2016 se emitieron 843,3 toneladas de CO2. “Nosotros como usuarios de teléfonos móviles contribuimos con 239,6 toneladas que son necesarias para el funcionamiento de los celulares debido al consumo de energía eléctrica”, explicó Ruíz en un comunicado de la Universidad. Las 603,7 toneladas restantes corresponden a la disposición final del aparato.

 “Podemos comparar estas emisiones con el uso de 95.739 galones de gasolina en vehículos automotores en casi 5 millones de kilómetros recorridos”, afirmó  Bautista.

Según el estudio, alrededor de 20 millones de teléfonos móviles fueron desechados en el 2016, lo que en peso serían aproximadamente 2500 toneladas, equivalentes a casi la mitad de toda la basura generada en Bogotá en un día.

De acuerdo con los resultados del modelo aplicado por los investigadores, entre los años 2017 y 2030 se habrán desechado casi 400 millones de celulares, equivalentes a unas 50 mil toneladas de CO2.

Por esto los investigadores advierten que hay un alto riesgo en la forma inadecuada como se están desechando los celulares, los cuales terminan en los rellenos sanitarios. Allí pueden llegar a liberar varias sustancia tóxicas para el medio ambiente, como plástico y metales pesados. (Fuente : El Espectador)

La tecnología, iconoclasta en apariencia pero tomada muy en serio por los ecologistas expertos, está siendo sometida a prueba en Los Ángeles.

Esta ciudad, donde las temperaturas pueden superar los 40 grados centígrados en verano, es una de las primeras megalópolis del mundo en probar este "cool pavement" o "pavimento fresco", pintando algunas calles a lo largo de la ciudad con un revestimiento especial de color blanco grisáceo.

 

El pavimento de asfalto negro común absorbe entre 80% y 95% de la luz solar mientras que el revestimiento claro la refleja, lo que baja la temperatura del suelo de manera significativa, de acuerdo con los partidarios de esta tecnología.

"El calor aquí, sobre la superficie negra... es de 42°, 43°C en este momento. Y sobre la superficie ya seca del otro lado, a pesar de tener una sola capa de blanco y necesitar todavía una segunda, es de 36°C", sostiene Jeff Luzar, vicepresidente de Guartop, la compañía que proporciona el recubrimiento, durante una demostración a la prensa. "Una diferencia de temperatura de 6° a 7°C".

Greg Spotts, director adjunto de la oficina de mantenimiento de carreteras de Los Ángeles, dice que se trata de la primera ciudad en California en poner a prueba este "pavimento fresco" sobre una calle pública. Anteriormente se ha utilizado pero en aparcamientos.

"Esperamos que otras ciudades se inspiren (...) y que los fabricantes se animen a desarrollar nuevos productos", afirma.

¿Una promesa real?

Ahora la municipalidad debe observar las reacciones de los habitantes a estas inusuales calles blancas, y ver la rapidez con que se ensucian por el paso de los coches y los restos de aceite y combustible.

George Ban-Weiss, profesor adjunto de ingeniería civil y ambiental de la Universidad del Sur de California, considera que el "cool pavement" supone una promesa real en la lucha contra el calentamiento global en las ciudades donde el asfalto y la concentración demográfica y vehicular crean un efecto conocido como "isla de calor" (heat island).

"El pavimento que refleja el calor del sol es una de las estrategias, como también los techos refractarios o la siembra de árboles, que las ciudades pueden aplicar para reducir las temperaturas urbanas", estimó el experto a la AFP.

Alan Barreca, profesor de ciencias ambientales en la UCLA subraya que "ya existe una tecnología eficiente para protegernos de las olas de calor, que son los sistemas de climatización", pero "no todos tienen los medios para contar con uno en casa", mientras que "el beneficio del pavimento fresco lo percibe todo el mundo".

Además, "una menor dependencia de los sistemas de climatización significa menos emisiones de gases de efecto invernadero" y de consumo de energía, añadió.

De acuerdo con el experto, esta tecnología que cuesta sólo 40.000 por milla (1,6 km), tiene el potencial de proteger "a mucha gente a un bajo costo en áreas urbanas con alta densidad" como Los Ángeles, más que en los suburbios menos densamente poblados. (Fuente : EFE)

Cerca de 60.000 agricultores en India se han quitado la vida debido a las altas temperaturas.

Como consecuencia del aumento de la temperatura, científicos vienen advirtiendo sobre un escenario poco esperanzador: habrá más muertes por olas de calor, propagación de enfermedades infecciosas, malnutrición, disputas por los recursos hídricos, contaminación, desplazamiento, e incluso un aumento significativo en los conflictos, asaltos y violaciones en todos los continentes. Ahora, un nuevo estudio, le suma un nuevo problema: el aumento de los suicidios entre campesinos.

 

“Más de tres cuartas partes de los suicidios ocurren en los países en desarrollo, pero se sabe poco sobre los factores que conducen al comportamiento suicida en las poblaciones pobres. Por eso se estudió la India, donde ocurre una quinta parte de los suicidios globales y las tasas de suicidio se han duplicado desde 1980, con cerca de 130.000 muertes anuales”, explica Tamma Carleton, economista de la Universidad de Berkeley (EE.UU).

Carleton analizó los suicidios registrados en los 32 estados del país asiático entre 1967 y 2013 así como las temperaturas y las lluvias registradas en el mismo periodo. Se dio cuenta que el aumento en la temperatura de apenas 1 ° C por encima de los 20 ° C puede causar hasta 70 suicidios por día. Se estimó que el calentamiento global ha provocado 59.300 suicidios en los últimos 30 años.

“Este efecto ocurre sólo durante la temporada de cultivo agrícola de la India, cuando el calor también reduce los rendimientos de los cultivos”, advierte Carleton. “Estos resultados aportan pruebas cuantitativas a gran escala que vinculan el clima y el ingreso agrícola con el daño propio en un país en desarrollo". 

Según la investigación, publicada en la revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, es muy probable que el fenómeno siga avanzando a medida que aumentan las temperaturas y casos como el de India se vuelvan más repetitivos. 

“Es posible que este trabajo esté revelando solo la punta del iceberg y que estudios adicionales hallen otros impactos como desesperación, ansiedad, violencia doméstica y otras manifestaciones de daño emocional” relacionados con el aumento de las temperaturas, le dice a El País, Samuel Myers, investigador sobre los efectos del cambio climático en la salud de la Universidad de Harvard (EE UU). (Fuente : El Tiempo )

Científicos proponen ‘sembrar’ cirros modificados para reflejar un porcentaje de la radiación solar.

Una de las armas más innovadoras con la cual los científicos piensan combatir distintas problemáticas ambientales en un futuro no muy lejano es la geoingeniería, que consiste en influir positivamente en procesos naturales con herramientas tecnológicas.

 

Científicos de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH, en alemán) plantean enfriar la Tierra a partir de la ‘siembra de nubes’ en la atmósfera para mitigar el cambio climático. Esta es una de las alternativas que los investigadores proponen en su artículo ‘A cirrus cloud climate dial’, según el cual, implantar nubes de tipo cirro modificadas podría ayudar a que un porcentaje importante de la radiación solar se refleje fuera de la atmósfera antes de llegar a la superficie del planeta.

La investigación fue realizada por los científicos Ulrike Lohmann y Blaž Gasparini, quienes desarrollaron diferentes simulaciones por computador que les permitieron entender cómo la manipulación de las nubes puede llegar a ser efectiva para mitigar el cambio climático. Gasparini le explicó a EL TIEMPO el alcance de su propuesta.

¿En qué consistió su trabajo y cuáles fueron sus principales hallazgos?

Hicimos esta investigación exclusivamente con la ayuda de modelos informáticos de clima, los mismos que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, en inglés) utiliza para sus informes. Los cirros son diferentes de la mayoría de las nubes porque, en promedio, calientan el clima, lo cual puede sonar contra intuitivo. Sin embargo, lo que sucede es que este tipo de nubes son muy transparentes, por lo que no reflejan gran parte de la radiación solar y tienen un efecto significativo de calentamiento similar al de los gases de efecto invernadero que dominan el calentamiento global. Por lo tanto, si queremos enfriar el planeta, necesitamos disminuir la frecuencia de los cirros. Esto puede ser posible, de acuerdo con nuestros estudios, si cambiamos sus mecanismos de formación de una manera que aumentemos el tamaño de los cristales de hielo de los cuales se componen.

Una vez que entendamos y modelemos eso de una manera más confiable, podremos comenzar a pensar más sobre la idea de la ingeniería del clima

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¿Qué puede ocurrir entonces?

Los cristales de hielo más grandes caerán de la atmósfera mucho más rápido que los más pequeños. Esto, en consecuencia, disminuye la cubierta de nubes tipo cirro y su efecto climático calentador. Sus propiedades ópticas cambian también, haciéndolas ‘más delgadas’. Ahí es donde el método obtuvo el nombre de adelgazamiento de cirros.

¿Qué tan efectivo puede llegar a ser?

Si lo comparamos con las inyecciones estratosféricas de azufre, que es otro método de geoingeniería, probablemente no se puede superar un enfriamiento de mucho más de 1-1,5° C con nuestra propuesta. Por lo tanto es menos eficaz, pero potencialmente también tiene menos efectos secundarios no deseados, aunque reconocemos que todavía necesitamos más investigación sobre dichos efectos adversos. 

Hay que tener en cuenta que si inyectamos demasiadas partículas de siembra, podemos obtener el efecto contrario al deseado, es decir, el calentamiento del clima. Eso podría ser un problema técnico enorme para alguien que intenta estudiar los aspectos de ingeniería de la siembra de cirros.

¿El método se puede aplicar en la vida real?

Nos encontramos en una etapa muy temprana de la investigación, muy lejos de cualquier idea sobre su aplicación en la vida real. Estas alternativas son unas de las formas menos investigadas de ingeniería climática en comparación con las inyecciones estratosféricas de azufre. En la actualidad, no sabemos lo suficiente sobre cómo se forman las nubes cirros naturales y a cuántas de estas podríamos realmente apuntar para reducir con nuestros mecanismos de ingeniería climática. Una vez que entendamos y modelemos eso de una manera más confiable, podremos comenzar a pensar más sobre la idea de la ingeniería del clima.

¿Alguna de las otras formas de ingeniería climática ya se ha utilizado?

No. Toda la investigación sobre el adelgazamiento de las nubes cirros u otros métodos de ingeniería climática hasta ahora se han realizado en simulaciones por computadora o en el entorno seguro de un laboratorio. Desafortunadamente no tenemos un ‘planeta B’ en el que pudiéramos probar tales esquemas y, por lo tanto, necesitamos ser muy cuidadosos cuando hablamos acerca de llevar la investigación a cabo en el campo. (Fuente : El Tiempo)