A raíz de la indignación que sigue causando el escándalo de acoso sexual por parte del productor de Hollywood Harvey Weinstein, me he encontrado en distintas reuniones donde sale a la luz la discusión sobre el sexismo. Me llama la atención que en los diferentes ámbitos profesionales, académicos y familiares siempre hay alguien, por lo general alguna mujer, que dice: “Pero si las mujeres son las más machistas”. Como esta frase es completamente contraintuitiva, pues equivaldría a decir que los negros son los más racistas o los judíos los más antisemitas, quise pensar a qué se refieren quienes la afirman con tanta certeza.

Los números muestran que, en todos los países excepto Islandia, que acaba de aprobar una ley para igualar salarios, las mujeres ganan significativamente menos que los hombres. Siguen siendo los hombres quienes poseen la mayor cantidad de propiedad privada y riqueza mundial. Además, siguen mandando en política, y cuando no mandan en el hogar, porque sus mujeres son más competentes y exitosas que ellos, muchos se sienten amenazados en lugar de afortunados. Pero lo peor de todo, y es este punto el que hace la frase sobre el machismo de las mujeres más extraña, es que miles de hombres siguen abusando, violando y maltratando mujeres impunemente.

Quienes defienden el machismo de las mujeres alegan que hay mujeres que discriminan a otras, que hay quienes se sienten cómodas en su posición de subordinación, o que se requiere que las mujeres permitan en algo el maltrato para que este en efecto ocurra. Pero lo que no entienden, o no quieren ver, es que ese “en algo” está muy matizado por la posición de subordinación en la que se encuentra la mujer desde la infancia. Es muy difícil salirse del impulso de la sociedad, la religión, la cultura, y, de repente, como por obra y gracia del espíritu santo, convertirse en un feminista independiente y de vanguardia.

Estamos en una ola de protesta por todos los abusos que como mujeres hemos y seguimos sufriendo. Vale la pena que, mujeres y hombres, mantengamos vivo el impulso. Hacer comentarios sobre el machismo de las mujeres desvía por completo el debate y, como siempre, termina por revictimizar y culpar a la mujer de lo que le ocurre. Como en todos los crímenes, el primer sospechoso es siempre quien se beneficia de ellos. ¿Cómo pueden las mujeres salir ganando de que las rebajen, las infantilicen, las objetualicen, las excluyan y las maltraten? 

Por : Catalina Uribe

(Fuente: El Espectador)

“Colombianos honestos: acá un voto tuyo bastará para salvarnos. Corrupción política, RIP, brille para ti la oscuridad perpetua”.

¿De dónde sale esta ininteligible y extravagante frase? ¿Qué significa? Parece un eslogan de campaña política que quedó cojo. O el fragmento de un discurso veintejuliero de algún candidato popular. Tal vez se trate de un misterioso conjuro que debemos pronunciar todos los colombianos a la medianoche del 31 de diciembre de este año para acabar con la, en apariencia, eterna corrupción que ahoga a nuestro país. ¡Pues, no! Ni lo uno ni lo otro. Esas palabras que aparecen más arriba entre comillas son el nombre de un movimiento político de aquellos que quieren llegar a disputar las elecciones del próximo año en las urnas.

 

Así como lo lee: “Colombianos honestos: acá un voto tuyo bastará para salvarnos. Corrupción política, RIP, brille para ti la oscuridad perpetua” es el nombre de uno de esos grupos significativos de ciudadanos que han llegado a la Registraduría Nacional para inscribirse e iniciar el proceso de recolección de firmas que garantizarían que uno o varios candidatos puedan presentarse bajo esa bandera en los próximos comicios.

En lo particular, este no solo llama la atención por lo largo, también lo hace porque en su nombre, el movimiento invita a votar por él; porque utiliza una de las abreviaturas más usadas en el ámbito funerario (RIP –requiescat in pace–) y porque el cierre del nombre del movimiento está inspirado en una frase de aquellas oraciones que se elevan al cielo luego del fallecimiento de una persona. En fin, este movimiento encarna esa amalgama de realidades que han dejado al descubierto todos esos grupos significativos de ciudadanos que quieren llegar a las urnas el próximo año gracias a un proceso de recolección de firmas: mucho color, mucha diversidad y, en algunos casos, poca sustancia.

Ya no sabe uno si esto es en serio o en broma, pero con las firmas esto se salió de madre.

Y es que más allá del inconveniente que tanta recolección de firmas representa para la organización electoral en términos logísticos y de costos, vale la pena quedarse con algunos de los nombres propuestos en los tales movimientos y así evaluar qué tanta seriedad hay tras dichas candidaturas.

Colombia Lectora
Este grupo, que busca recoger firmas para el precandidato a la presidencia Jaime Bedoya Montoya, procura replicar en el ámbito nacional lo que Bedoya intenta hacer desde su librería en Envigado: que los libros roten más que los billetes en el país. Objetivo loable, pero ¿qué otra propuesta hay en su plan de gobierno?
Mosoicol
El movimiento social de Eivar Galindez a la presidencia, quien promete casas por decreto para todos los colombianos, convertir el agua de mar en agua potable y, además, abolir los impuestos. Así las cosas, ¿de dónde saldrá la plata para las demás maravillas? Vaya usted a saber.
Serecracia
Grupo que busca inscribir por firmas al candidato Fabio Antonio Forero, promotor de una generación de paz que pretende despertar al gran ser. Sí... al gran ser.
Son decenas de inscritos para la recolección de firmas, pero no todos aspiran a la presidencia. De hecho, el movimiento con el que abrimos esta columna busca inscribir candidatos al Congreso. Y ese mismo camino lo emprenderán el Movimiento Existencialista Hambre de Buen Vivir, el Movimiento El Mono o el Movimiento O Positivo.
Ya no sabe uno si esto es en serio o en broma, pero con las firmas esto se salió de madre.
(Fuente: El Tiempo)

Varios estudios plantean la relación directa entre el cambio climático, los terremotos y huracanes.

La comunidad científica había llegado al convencimiento de que los terremotos no tenían relación con el cambio climático. No obstante, con ocasión de los seísmos de México, la preocupación ha vuelto. Y todo parece indicar que se comprueba una vez más que todo tiene que ver con todo. Las ciencias de la Tierra son complejas, y en su dinámica intervienen variables de orden físico y químico. A esto hay que agregar el factor humano.

 
 

Naomi Oreskes analizó cerca de mil artículos científicos sobre cambio climático en 2004, y el resultado fue que ninguno ponía en duda la injerencia del hombre en el problema. De manera que asistimos a la primera era geológica en que una especie, la nuestra, ha modificado irreversiblemente las condiciones físicas y químicas de la Tierra. Por eso, el debate sobre si los terremotos se pueden acentuar debido al calentamiento ha vuelto a ocupar la atención de los científicos.

Asistimos a la primera era geológica en que una especie, la nuestra, ha modificado irreversiblemente las condiciones físicas y químicas de la Tierra.

Quizá el primero en publicar sobre el asunto fue el investigador Chi-Ching Liu, del Instituto de Ciencias de la Tierra de Taipéi. Escribió en la revista Nature (2009) que había una relación entre los tifones que atraviesan Taiwán y los pequeños terremotos bajo la isla. Shimon Wdowinski, de la Universidad de Miami, cree que las lluvias torrenciales (caso Miami, 2017) inciden en los terremotos. Anotó que muchos de estos suceden luego de poderosos huracanes o tifones (casos Haití, 2010 y Nepal, 2015). Otros, como Hugh Tuffen, de la Universidad de Lancaster, y Freysteinn Sigmundsson, del Centro de Vulcanología Nórdica, están relacionando la actividad de los volcanes con el aumento de la temperatura promedio de la Tierra. Pero, quizá quien va más lejos es Bill McGuire, un académico recientemente nombrado profesor emérito de Geophysical & Climate Hazards en University College of London. Publica un libro (Waking the Giant: How a Changing Climate Triggers Earthquakes, Tsunamis, Oxford University Press, 2012) en el que plantea la relación directa entre el cambio climático, los terremotos, los huracanes y tsunamis.

En realidad, nada de esto debería extrañarnos si tenemos en cuenta la unidad sistémica de la Tierra, ya documentada por Lovelock en su teoría Gaia (1984). Mucho menos si recordamos a Whitman (siempre la clarividencia de la poesía): “Para mí, una hoja de hierba no es menos que la trayectoria de las estrellas”.
Por: Manuel Guzmán Hennessey

@guzmanhennessey

La inteligencia artificial (IA) es una tecnología que se viene mencionando desde que este término fue creado por John Mcarthy en 1955 y se está convirtiendo en algo que las empresas van a tener que considerar para su crecimiento y sostenibilidad. IA es inteligencia exhibida por máquinas, y este término se aplica hoy cuando una máquina ofrece funciones cognitivas asociadas a mentes humanas, tales como aprendizaje y resolución de problemas.

En un estudio realizado por Boston Consulting Group y MIT Sloan Management Review, publicado a comienzos de este mes, queda en evidencia que la IA ya está siendo considerada una variable empresarial muy importante. El 84 % de los entrevistados en el estudio sostiene que esta les va a permitir a sus empresas obtener o mantener ventajas competitivas. El 83 % afirma que la IA se ha convertido en una estrategia prioritaria para sus empresas y el 75 % dice que les va a facilitar su movida a nuevos negocios.

Con IA se pueden reemplazar labores cotidianas. Una de ellas, la atención a los clientes. Con esto me refiero a cualquier tema en que los usuarios necesiten respuestas por teléfono, como las que se obtienen en un ‘call center’, con la diferencia de que quien contesta no sería una persona sino una aplicación en un computador. Esto se podría usar en empresas de aviación, como Avianca, para atender reclamos por la huelga de pilotos, por ejemplo.

Hay empresas extranjeras que están utilizando máquinas que aprenden sobre las personas, basadas en la gran cantidad de datos que se generan sobre ellas, para predecir cómo va a pedir un cliente una hipoteca, según su comportamiento en diferentes escenarios en los que manejan dinero.

Los usos de la IA en las empresas aún no son del todo claros; hay que tener presente que son máquinas y aplicaciones que aprenden, hablan como seres humanos y pueden resolver problemas. Esto toca tenerlo en cuenta para lo que se viene en el mundo empresarial y los clientes.

Por: Guillermo Santos Calderón.

Un osito de peluche metiendo coca. Un campeón olímpico metiendo coca. Un capitán de avión metiendo coca. Un corredor de Wall Street metiendo coca. Un ingeniero robótico metiendo coca. Un grupo de amigas metiendo coca. Unos estudiantes de leyes metiendo coca. El ‘hacker’ más brillante metiendo opio y coca. Hollywood se ha convertido en la mayor máquina de promoción de las drogas, pero ahí sí los gringos se hacen los de la vista gorda.

Porque mientras Trump amenaza a Colombia con la descertificación por el aumento de las matas de coca, olvida que en California está la gran agencia de publicidad de las drogas. Y es que ningún producto –por bueno que sea– logra ser así de exitoso sin una buena campaña de publicidad, propaganda y mercadotecnia.

¿O quién no ha visto a Scarlett Johansson meter coca en su última película, como si fuera lo más sexi y divertido del planeta? ¿O quién no ha visto a Denzel Washington meter perico antes de pilotear un avión, y luego evitar valientemente que se destutane contra la tierra? ¿O quién no ha visto a Leonardo DiCaprio esnifar línea tras línea en ‘El lobo de Wall Street’, y luego tener el mejor sexo del planeta?

¿Han visto una película donde aparece un osito de peluche metiendo coca? ¡Un oso de peluche! El mismo que tienen mis hijos y cientos de niños en el mundo, pero que a Hollywood se le ocurre ponerlo a meter coca y marihuana como si fuera lo más divertido, juguetón y entretenido.

Eso es Hollywood: una máquina de promoción de la coca como no se veía desde las épocas glamurosas del cigarrillo. Una industria que nos vende porquerías como lo más sexi, erótico, entretenido y divertido del universo. Una publicidad constante del gran coctel molotov favorito de nuestros juristas y políticos: drogas, rumba, plata y sexo.

Si no fuera por Hollywood, las matas de coca no proliferarían como arroz. Si no fuera por sus películas, series y estrellas, no habría tantos consumidores dispuestos a pagar entre 60 y 80 dólares por gramo de cocaína. Si no fuera por su bombardeo constante de imágenes, las drogas no tendrían semejante demanda ni nosotros tendríamos que lidiar con todas esas hectáreas.

Lo que no cuenta Hollywood, sin embargo, es cómo hacen para transformar esas matas en polvo blanco: mezclándoles acetona, ácido sulfúrico, kerosene, gasolina, hipoclorito de sodio, carbonato de potasio, amoniaco y todo tipo de químicos y porquerías que son dañinas para la salud y son las que realmente los terminan matando.

También olvidan contar cómo la calidad de la cocaína colombiana es cada vez peor: la última moda es mezclarla con drogas veterinarias, con opioides letales –como el fentanilo– y con drogas para el corazón. Hasta con carne humana, según reveló hace poco una investigación de la cadena ABC News en Los Ángeles y diferentes ciudades norteamericanas.

Pero eso sí no lo muestra Hollywood. Ni de eso se da cuenta Donald Trump. El hombre al frente de la Casa Blanca tiene sus ojos puestos en Colombia, pero no en las pantallas de su cine y televisión.

 

Más que sorprendernos por los estragos del huracán Irma, su estela de destrucción y las tremendas inundaciones que dejó en varias zonas de la península de la Florida, deberíamos empezar a acostumbrarnos a ello. El paso de la poderosa tormenta no es más que el abrebocas de lo que viene para todo el planeta en las próximas décadas o, si quieren ser optimistas, en los siglos por venir.

 

No me refiero al ciclón, a los tremendos vientos ni a los temporales que lo acompañan. Hablo más bien de las inundaciones y la incertidumbre en las que Irma sumió a una inmensa región del planeta y que, con el calentamiento global, serán pan de cada día para todo el mundo, sin excepción. 

Ver el corazón financiero de Miami inundado, así como cientos de viviendas en peligro por el incontrolable flujo de las aguas traídas por el huracán, es lo que nos espera de manera permanente cuando, con el incremento de apenas 5 grados centígrados en la temperatura global, los niveles de los océanos crezcan hasta 80 metros. Ya no habrá motobombas que valgan ni diques que contengan el fin de ciudades enteras. Irma solo vino para mostrarnos una ventana hacia el mañana.

El periodista científico Peter Brannen presenta en su libro The Ends of the World (Los finales del mundo) los distintos escenarios que a lo largo de millones de años han configurado las grandes extinciones de las especies que han habitado nuestra Tierra. De manera cruda y poco optimista, el autor plantea que ya estamos apenas a unos cientos de años de nuestro final. La muerte de la civilización que Brannen desmenuza en su libro de una manera sencilla.

¿Qué nos queda por hacer?

El Papa, sin ser santo de mi devoción, dejó en una de sus intervenciones un claro mensaje de protección del medioambiente

El Papa, sin ser santo de mi devoción, dejó en una de sus intervenciones un claro mensaje de protección del medioambiente que ojalá haya sido recogido por quienes hoy día tienen en sus manos la posibilidad de cambiar el norte de las políticas de protección ambiental en el país. ¿Será que sí lo escucharon?

¿Será que el ministro de Ambiente, a quien vimos en varias de las ceremonias papales, le cogerá la pita al patriarca universal cuando dijo “cuánta belleza natural para ser contemplada sin explotarla”?

¿Será que con ese mensaje basta para que el ministro Murillo detenga la licencia que ya anda tramitando la compañía Conoco Philips para hacer la exploración de yacimientos no convencionales de hidrocarburos, mejor conocidos como fracking? 

¿Será que se atreve a revisar con lupa (y ojalá negar) la licencia que ya solicitó la Sociedad Minera de Santander (Minesa) para realizar la explotación subterránea de oro en la zona del páramo de Santurbán?

¿Será que el alcalde Peñalosa, el mismo de la selfi con el papa Francisco, se acuerda del momento en que el pontífice dijo que “es para nosotros una prueba decisiva verificar si nuestra sociedad (...) está en grado de custodiar lo que ha recibido gratuitamente, no para desvalijarlo, sino para hacerlo fecundo”? ¿Será que después de eso sigue con ganas de sustraer de la reserva de los cerros orientales toda una franja para beneficiar a los constructores? ¿Será que ya no buscará “desvalijar” la reserva Van der Hammen? ¿Será que abandona su empeño de llenar la ciudad con buses contaminantes?

Están muy bien los aplausos, las misas multitudinarias y hasta las selfis (lagartas) con el Papa, pero sería más honesto trabajar en la línea de su pensamiento. Admirar a Francisco no solo es posar junto a él como si fuera Britney Spears o Justin Bieber, porque, de ser así, todos son unos hipócritas.

#PreguntaSuelta: ¿de verdad, ustedes no creen que desde algunas iglesias van a pedir el mismo tratamiento preferencial y multimillonario que el Estado colombiano le dio al papa Francisco?

JUAN PABLO CALVÁS