Es un garrotazo al bolsillo el cobro predial. Es exagerado, trágico para miles de jubilados.

 

A unas profesoras de colegio, en el supermercado, les prometí hacer eco de su protesta. Pero antes hago la mía: me burlo de los sabios que aplican las tarifas del predial en Bogotá. Es un garrotazo al bolsillo el cobro predial que circula. Es exagerado, trágico para miles de jubilados. Debo pagar cinco y medio millones de pesos por mi apartamento de 103 m², donde vivo hace 34 años, edificio gastadito con calles rotas al frente. Es un garrotazo. Hay enojos dramáticos. Salían carísimas las obras porque cobraban un 17 % para el ‘lobista’ que consiguió el contrato pasadito de millones y sin auditoría. Punto.

 

Vuelvo a las profesoras del supermercado. Ellas denuncian que 180.000 colegiales de Cundinamarca no están recibiendo los alimentos porque los contratistas están retardando el contrato. Hoy, miles de colegiales van felices a estudiar porque juegan pelota, alguito aprenden y aseguran el almuerzo. Los presidenciales, entre ellos Marta Lucía Ramírez, deben opinar de ese drama, pero en serio, sin frases alegres. Ese problemón multimillonario, por su mal manejo, le trajo mucho descrédito a este gobierno, lo politizaron y hubo ‘tumbis’ millonarios.

Dos personajes hacen noticia: el expresidente Álvaro Uribe y el líder del Polo don Iván Cepeda.Los separa todo en política e ideología, pero los acerca algo: ambos denuncian persecución y daño de su imagen. Demandó a Cepeda el expresidente Uribe, y el senador demandó al expresidente. No pueden verse ni en pintura. Punto.

"Ese problemón multimillonario, por su mal manejo, le trajo mucho descrédito a este gobierno, lo politizaron y hubo ‘tumbis’ millo"
 
Tema en la peluquería señorera: EL TIEMPO, porque contó que una niña, de 11 años, en Buenos Aires, era coqueteada, vía chat, por un corrompido de 26 que le pedía fotos desnuda. El papá se enteró, le siguió el cuento, lo citó en una calle y le pegó a ese cochino 87 trompadones, que nunca olvidará, y circulan sus fotos sangrando. En la peluquería, ellas aplaudieron; yo no, pero abrazo al papá por calmado; otro lo incendia. Punto.

Es noticia mundial que los ‘elenos’ siguen reventando el tubo petrolero y así envenenan ríos, cosechas y ranchos campesinos. Maricarmen comentó: “Esos lunáticos guerrillos son comodones, roban, matonean, tienen mozas, trago, tienda y mandan”.

Pilas: veo venir fraude electoral. La Misión de Observación Electoral, dirigida por Alejandra Barrios, denunció problemas en 82 municipios. Eso es serio, trae violencia. No cometan torpezas. ¡Sean ineptos, pero no todos!

PONCHO RENTERÍA Fuente: El Tiempo

Nota previa. Cuando ya había escrito esta columna, parece confirmarse la autoría del Eln de estas acciones terroristas, que merecen repudio y rechazo. Los errores en la negociación con las Farc están pasando, dolorosamente, una factura multiplicada a través del espejo de las mesas de diálogo. La retórica gubernamental no conjura el dolor de las víctimas ni la angustia nacional. ¿Qué va a hacer, señor Presidente? ¿Va a suspender el proceso con el Eln o a abortarlo? ¿O va a insistir en el diálogo? ¿Cuáles son sus líneas rojas y argumentos para insistir o desistir de este proceso? A continuación, les dejo el texto original de mi columna.

 

Domingo triste en el que escribo esta columna. Los cobardes y criminales atentados terroristas de Barranquilla, Soledad y Bolívar entrañan una doble tragedia. Por una parte, el inmenso drama humano de las familias que perdieron a sus hijos, padres y hermanos o que hoy están orando por sus vidas con pronósticos inciertos. Es el dolor de la viudez o la orfandad. Es el dolor que causa una muerte repentina y cruel de un ser querido.

Y, por otra parte, la tragedia a la que ha llegado este país en el que un hecho terrorista se convierte en herramienta para seguir profundizando los odios y las divisiones entre los colombianos, cuando deberíamos estar construyendo caminos de unión para enfrentar entre todos al terrorismo. Deberíamos aprender de las lecciones de la historia. En épocas electorales, como esta, el terrorismo se nutre también de quienes pretenden aprovechar políticamente estos episodios, bien para levantar popularidades caídas o para conseguir votos frescos.

¿Por qué Barranquilla? ¿Por qué Soledad? ¿Por qué en el precarnaval? ¿Por qué el sur de Bolívar? ¿Con cuáles explosivos? ¿Por qué desplazándose desde Bogotá? ¿Es una venganza, una advertencia o es que quieren fortalecer su posición en la mesa de diálogo doblegando otra vez al Gobierno? ¿Es una muestra de poderío o de debilidad? 

El terrorismo está de regreso en un entorno de deterioro de la capacidad de acción del Estado, que no fue capaz de ocupar los espacios que dejaban las Farc induciendo un mal llamado posconflicto que se caracteriza por el descontrol de disidencias de las Farc, Eln, ‘bacrim’, narcos mexicanos y brasileños, entre otras organizaciones criminales de todo pelambre, que endurecieron su accionar para quedarse con una mayor tajada de los negocios ilícitos.

El terrorismo está de regreso en un complejo entorno de deterioro de seguridad ciudadana. De desmantelamiento de las redes de cooperantes con las instituciones para preservar los entornos seguros. De desconfianza ante la capacidad de las instituciones. De paquidermia en la justicia ordinaria para condenar a los criminales. De desmoralización ante la impunidad de los reincidentes y de criminales de lesa humanidad.

El terrorismo está de regreso en un complejo entorno de polarización política, desprestigio institucional y oportunismo electoral. De señales confusas sobre la impunidad y las penas para los terroristas y para los criminales de lesa humanidad. De Gobierno empacando maletas en medio de una campaña presidencial llena de incertidumbres y de amenazas de toda índole.

Ante estas circunstancias, a los terroristas les queda más fácil alcanzar su propósito. La voz debe ser una sola. Unificada y potente para rechazar de manera contundente su accionar, respaldar a las víctimas y exigir del Estado, sin mezquindades, viejas facturas ni cálculos de coyuntura electoral, las acciones efectivas y los correctivos necesarios para prevenir el terrorismo y evitar la impunidad por los hechos atroces.

Queremos respuestas claras. Acciones prontas. No más pésames proforma. No más condolencias televisadas. Queremos que no se oculten los hechos. Queremos que avancen las investigaciones. Queremos que se tomen las decisiones correctas con firmeza, prontitud y con sentido de patria. Paz en la tumba de nuestros mártires.

En ese mundo paralelo de internet existe la leyenda bastante difundida de que la red garantiza la libertad de expresión, para que todos tengamos acceso irrestricto a la información. De hecho, esta es una de las creencias más extendidas pero no del todo sustentadas, como pasa con muchos otros ejemplos del universo virtual. Por ahí derecho, nos han metido también el cuento de que gracias a la red mundial –y en particular a las plataformas sociales– todos podemos expresar con absoluta libertad nuestros puntos de vista.

 

Nada más distante de la realidad. Por una parte, la norma que obligaba a los proveedores de servicios de internet y a los gobiernos a darles el mismo tratamiento a todos los internautas fue borrada de un plumazo por Trump hace pocos días, poniendo fin de esa manera a lo que se conocía como la neutralidad de la red. Eso significa, ni más ni menos, que a partir de ahora los operadores de Estados Unidos pueden privilegiar el acceso a ciertos sitios o portales, o darles trato de VIP a determinados contenidos, de acuerdo con sus intereses. 

Si en Colombia siguiéramos ese mal ejemplo, cosa que no debería sorprendernos, esa norma les permitiría a las operadoras ralentizar, bloquear o imponer restricciones para el acceso a contenidos que no sean de su interés o que cada empresa –bajo sus propios parámetros– considere ‘inadecuados’ o ‘inconvenientes’. También podría traducirse en un aumento de tarifas para navegar en plataformas específicas; como Netflix, por citar un caso. En síntesis, correríamos el riesgo de terminar convertidos en internautas de primera y de segunda categoría.

Según Twitter, las cuentas de personajes como Trump tienen un estatus especial; así violen de frente los dichosos ‘términos de uso’ de la red social.

Como si lo anterior fuera de poca monta, hay otro factor de discriminación que entre los usuarios de Twitter era un secreto a voces. Resulta que dicha empresa, tan estricta con la aceptación de sus términos y condiciones de uso cuando se trata de ciudadanos de a pie, a la hora de lidiar con alguien como Trump, se convierte en un manso cordero.

Luego de las múltiples solicitudes para que llamaran al orden al remedo de presidente gringo, considerando el mal uso que hace de su cuenta, Twitter decidió abordar sin rodeos el problema, pero no para tomar algún correctivo, sino para confirmar que para ellos Trump es intocable.

Las protestas contra la forma en que el magnate usa y abusa de dicha red no calaron en los cuarteles generales de San Francisco, desde donde el viernes pasado expidieron uno de los comunicados más decepcionantes que una plataforma social podría haber hecho. Según ellos –palabra más, palabra menos–, las cuentas de líderes mundiales tienen un estatus especial en la red social. O sea que a pesar de que se pasen por la faja sus propias normas y regulaciones, esos personajes están blindados. 

De modo que el cuestionado sucesor de Obama puede seguir dedicado a ofender, insultar y desinformar a sus ciudadanos; a fustigar a sus excolaboradores; a descalificar a mandatarios extranjeros; a intimidar a los inmigrantes; a llevar al planeta al borde de una nueva guerra mundial, y, lo más grave de todo, a embrutecer a sus seguidores, mientras Twitter le garantiza total impunidad. Lo único que explica semejante reacción tan absurda es el interés de la empresa del señor Dorsey en conservar los clics que generan sujetos tan carentes de escrúpulos y de criterio como Donald Trump. 

Lo peor es que esa decisión servirá también como patente de corso para que nuestro Trump paisa siga publicando en sus trinos coordenadas militares, así pongan en riesgo la seguridad nacional; cadáveres ensangrentados de soldados, para desacreditar el proceso de paz; o calumnias contra periodistas, a los cuales puede acusar de violadores o de terroristas, sin ninguna preocupación.

¡Qué decepción, Twitter; qué decepción!

Antes de ver un noticiero, piense si usted se merece tanto desprecio por su inteligencia y ética.

“Mi único consejo es simple: no vean los noticieros de televisión. Cambien de canal. Apaguen el televisor. Hablen con sus padres. Llamen a la novia. Jueguen videojuegos. Lean el ‘Quijote’. Pero no les presten atención a las noticias”. Esto dijo Alejandro Gaviria en un discurso pronunciado en la ceremonia de grado de la Universidad EIA, de Antioquia, el pasado 12 de diciembre.

 
 

Gaviria es el riguroso ministro de Salud actual, un intelectual de verdad porque le gusta vincularse con la realidad, argumentar y pensar distinto. Con este discurso nos lleva a pensar por qué es “malo para la salud mental” ver noticieros de televisión. He aquí sus razones: 

1. Las noticias son repetitivas, exasperantes. La música apocalíptica de la apertura presagia que algo extraordinario ha ocurrido. Pero la verdad es otra, casi nunca pasa nada. Las noticias son las mismas día tras día. Rutinarias, predecibles, un inventario de la miseria humana: asesinatos, violaciones, robos, actos de corrupción, etc. 

Los noticieros se han convertido en versiones audiovisuales de los tabloides: sangre en la portada, 'soft' porno en la contraportada y, en el medio, las fechorías de políticos. Esa carga de negatividad diaria nos va convirtiendo en espectadores sin memoria.

2. Si quieren entender el mundo, no vean las noticias. Las noticias se ocupan del estruendo, el escándalo y la tragedia individual. Pero el cambio social es gradual, parsimonioso, acumulativo y, por lo tanto, invisible. No suscita titulares. No genera emociones. No vende. 

En nuestro país, por ejemplo, la tasa de pobreza es la menor de la historia. La tasa de homicidio, la menor en 40 años. La mortalidad infantil ha disminuido sustancialmente. La desnutrición también ha descendido. Pero la mayoría piensa que estamos viviendo en el peor de los tiempos, en medio de un desastre sin nombre. 

Los noticieros han creado una suerte de pesimismo artificial… De negativismo por reflejo. Sin contexto, sin análisis y sin investigación, cada tragedia se presenta como el resumen de una esencia, como la regla, no como la excepción.

3. Los noticieros sobrevaloran la política, las leyes y los pronunciamientos de congresistas, jefes de organismos de control y ministros (me incluyo). 

Las leyes, por ejemplo, no cambian el mundo. Algunas veces son más una forma de evasión que un instrumento para la solución de los problemas. 

La política se caracteriza con frecuencia por la máxima grandilocuencia y la mínima eficacia. Los noticieros tristemente amplifican la farsa. Buena parte de la vida ocurre por fuera de la política. 

Las reflexiones de Alejandro Gaviria ‘mal-copiadas’ aquí nos ponen a pensar. Por eso, antes de ver el noticiero, piense si usted se merece tanto desprecio por su inteligencia y ética. 

¿Por qué no ver las noticias de TV? Porque “puede hacerlos ligeramente más felices. Levemente más optimistas acerca de nuestro mundo, nuestro tiempo y nuestro país”, aconseja Gaviria. Los que quieran leer el texto completo, basta con buscar ‘No vean las noticias + Alejandro Gaviria’ y lo encontrarán. Fuente : El Tiempo

“O nos reformamos o nos reforman”. Esa célebre frase, pronunciada por Fabio Valencia al tomar posesión como presidente del Senado en 1998, se me vino a la cabeza a raíz de los últimos incidentes bochornosos en el Congreso de la República. Casi dos décadas después, y con todo lo sucedido en tantos años, la triste realidad es que no ha pasado ni lo uno ni lo otro. Y hoy estamos pagando las consecuencias.

Si bien el papel del Legislativo a lo largo del tortuoso camino del fast track ha sido deplorable, peló el cobre con la reforma política. La propuesta original, presentada por la comisión de expertos designada en desarrollo del Acuerdo del Teatro Colón que amplía el pluralismo político y moderniza el sistema electoral para garantizar la transparencia, poco a poco, con cada debate, fue quedando mutilada. Se eliminaron aspectos claves como la financiación de las campañas, un nuevo tribunal electoral y las listas cerradas para corporaciones públicas, entre muchos otros.

La estocada final fue en contra de las coaliciones para las corporaciones públicas, que sin duda le darían un nuevo aire al debate electoral, particularmente a los sectores minoritarios. Pero eso es precisamente a lo que más le temen los partidos tradicionales, miedo seguramente exacerbado tras los resultados en Yopal.

El presidente de la Cámara, Rodrigo Lara, lo dijo de frente: las coaliciones fueron un “intento oportunista de resolver las afugias electorales de la izquierda”, lo cual no sólo refleja mezquindad y arrogancia, sino que desconoce lo obvio: si una reforma busca abrirle espacios de participación política a quienes no la han tenido, los beneficiados serán precisamente quienes no la han tenido, es decir, la izquierda. No olvidemos que Colombia es el único país de Suramérica que nunca ha tenido un gobierno de izquierda.

Más bien, Lara prefirió beneficiar a su partido, Cambio Radical, que no es más que la misma derecha liberal del tío abuelo de su jefe, Vargas Lleras, quien pactó con Laureano Gómez el Frente Nacional para perpetuar a los partidos tradicionales en el poder.

Es hasta entendible que las mayorías corruptas y clientelistas se sientan amenazadas por el ascenso de nuevos actores, la independencia del órgano electoral, el control sobre sus finanzas y la transparencia de las votaciones, es decir, por la apertura democrática. Lo cierto es que les importa un bledo incumplir un aspecto central del punto dos de los acuerdos de La Habana, aunque sea una tarea pendiente de la democracia colombiana.

Pero es realmente insólito el desprecio que demostró tener el Congreso por las víctimas, con el lamentable desenlace de las Circunscripciones Especiales Transitorias de Paz, diseñadas para darle representación a los territorios más golpeadas por el conflicto. Se dejó lo más importante para última hora y en vez de poner la cara, muchos optaron por el ausentismo descarado. Como profesor, sé que es grave cuando los alumnos no asisten a clase, pero es mucho peor si faltan al examen final.

Hoy por hoy, las Circunscripciones Especiales siguen en el limbo, pese a que el presidente Santos dice, con razón, que ya fueron aprobadas. Pero aun lográndose, estos espacios tan importantes ya nacerán de manera atropellada. Con fecha límite del 11 de diciembre para la inscripción, el proceso de selección de candidatos necesariamente se hará a las patadas.

Somos un país presidencialista, y por eso la atención por estos días suele estar concentrada en las encuestas sobre candidaturas presidenciales. Pero en el calendario, marzo viene antes que mayo. Aunque sin duda las elecciones presidenciales del año entrante serán cruciales, las del Parlamento son tan o aun más importantes para el futuro del país.

Además de demostrar lo poco que le importa la paz, la democracia o las víctimas, es evidente que el Congreso no parece percibir, y menos entender, el repudio creciente y generalizado de la gente del común frente a la clase política y la politiquería tradicional. El altísimo número de candidaturas, la gran mayoría por firmas, es sólo un síntoma más de la crisis de la política.

La teoría democrática dice que las elecciones deben tener “reglas ciertas y resultados inciertos”. En Colombia, solía ser al revés: “reglas inciertas y resultados ciertos”. Ahora, al menos hemos avanzado hacia “reglas inciertas y resultados inciertos”.

Es obvio que el Congreso de hoy no va a reformar la política ni reformarse a sí mismo. Aprovechemos el despelote actual y la ira ciudadana acumulada para cambiarlo de pies a cabeza. ¡Fuera los mismos con las mismas! ¡Reformémoslo sacándolos a todos! Fuente : El Espectador

Los ciudadanos tienen derecho a conocer que en algunos temas los dueños de los medios tienen intereses en las informaciones que presentan y, aún más, que esos intereses -particulares y legítimos– pueden ir en contravía del interés público.

Poder económico, poder político y poder mediático se han asociado para que en Colombia se aplace y asordine un debate que se empieza a dar en el mundo entero: ¿es perjudicial el azúcar para la salud? No el consumo excesivo, simplemente el habitual. Hace unos días, The New York Times publicó las evidencias de que un estudio científico –hecho hace más de 50 años– fue engavetado porque demostraba que el consumo de azúcar está asociado con dolencias cardiovasculares y cáncer de vejiga, entre otras enfermedades.

Eso que sucedió en Estados Unidos ha tenido su reflejo en Colombia en al menos tres ocasiones recientes. La primera, relacionada con una multa impuesta por la Superintendencia de Industria y Comercio a los ingenios azucareros; la segunda, por una iniciativa para cobrar impuesto a las gaseosas; y la tercera, por la censura a una campaña publicitaria que se proponía mostrar los efectos del consumo de azúcar.

La Silla Vacía –que hace el mejor periodismo digital de Colombia– ha insistido, muchas veces de manera solitaria, en la necesidad de que se hable francamente de los intereses involucrados en este asunto.

Los colombianos no han tenido suficiente información sobre el tema, en buena medida porque importantes actores de la industria azucarera tienen una influencia en los contenidos informativos que reciben los ciudadanos porque son dueños de medios o porque son anunciadores.

La Organización Ardila Lülle, uno de los principales grupos económicos del país, es el más grande productor azucarero de Colombia. Es dueña, entre otras empresas, de los Ingenios Incauca y Providencia; también lo es de Postobón, la mayor productora nacional de gaseosas, y de varios medios de comunicación entre los que están el Canal RCN, la cadena radial RCN y el diario La República.

La discusión es relevante porque los ciudadanos tienen derecho a conocer que en algunos temas los dueños de los medios tienen intereses en las informaciones que presentan y, aún más, que esos intereses –particulares y legítimos– pueden ir en contravía del interés público.

Tres ejemplos sirven para ilustrar la necesidad de que la gente sepa quién está detrás de las informaciones. Al terminar el año 2015, la Superindustria impuso cuantiosas multas a ingenios azucareros y a sus directivos. El entonces vocero jurídico de los azucareros, Néstor Humberto Martínez, fue condescendientemente entrevistado en el Canal RCN.

–La superintendencia impuso unas multas multimillonarias pasando por un lado lo que la ley ordena en esta materia –afirmaba el abogado en la entrevista. Ante lo cual el periodista le lanzó una bola suave:

–¿Esto desconocería la jurisprudencia del Consejo de Estado, Sección Primera y Sala Plena, en el tema de dosimetría de sanciones a empresas?

–Es inequívoco –respondió complacido el entrevistado– al momento de sancionar y poner las multas y graduarlas, no tuvo en cuenta los criterios de ley.