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Gobierno y Congreso deben resolver necesidades de la gente y superar tanta pelea estéril.

 

Cargados de tigre, iniciando campañas locales, con la vía Panamericana bloqueada y la minga indígena en curso; con la crisis de Maduro con su régimen agonizante, que no puede vivir pero tampoco muere, y en medio de un estado de crispación generado por un sobredimensionamiento del impacto de las objeciones presidenciales a la ley estatutaria de la JEP, regresan los congresistas a sus sesiones ordinarias.

Es un Congreso pendular que va de un lado para el otro, sin bloques consolidados, conformando cada mañana mayorías circunstanciales y volátiles para cada proyecto, para cada proposición, para cada debate, producto de que ni el Gobierno ni la oposición lograron mayorías propias y cada votación depende de las posturas que adopten los partidos que se declararon independientes, como ‘la U’, Cambio Radical y el Partido Liberal, los cuales, para acabar de complicar la situación, enfrentan graves divisiones internas entre colaboracionistas y antigobiernistas.

Y pinta duro este período de sesiones, pues es muy corto, escasos tres meses; hay tarjetones a la vista, y la mayoría de los congresistas se juegan su pellejo político en los pueblos, barrios y veredas; hay decenas de proyectos de iniciativa parlamentaria represados, infinidad de debates ‘in pectore’, un confuso Plan de Desarrollo en trámite y una papa caliente que remueve muchas pasiones en curso, a partir de la necesidad de tramitar las objeciones presidenciales con prontitud.

La ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, tiene conocimiento profundo del Congreso y es una mujer laboriosa que viene haciendo un esfuerzo grande para cumplir con una tarea difícil. Pero la han dejado bastante sola. Muchos de sus ministros colegas brillan por su ausencia a la hora de poner el pecho, defender al Presidente y al Gobierno y levantar la voz por sus proyectos y políticas sectoriales. Les encanta salir en las fotos en los días de sol, pero cuando arranca la tempestad se esconden temerosos.

No obstante lo anterior, y teniendo presentes, cómo no, las importantes competencias del Congreso, el Gobierno no debería dejarse encerrar en la agenda parlamentaria ni en los recintos legislativos. Los grandes problemas de los colombianos están por fuera de la plaza de Bolívar. La agenda del presidente Duque debe ser la agenda ciudadana, la agenda que les toca la piel, el corazón y los bolsillos a los colombianos de a pie.

Y, aunque reconozco y aplaudo el liderazgo internacional que ha desplegado el presidente Duque frente a Venezuela, también es importante no venezolanizar tantas apuestas del Gobierno. La legitimidad cotidiana de un gobierno se juega en las respuestas eficaces para sus conciudadanos.

Finalmente, tendrá que ser el Gobierno un promotor de la transparencia en las elecciones territoriales, y poco favorece ese empeño el anuncio efectuado en días pasados en torno de la eliminación de la ley de garantías. Seguramente despertó aplausos entre alcaldes y congresistas, pero creo que marcaría un severo retroceso en el propósito de evitar que se roben la plata de nuestros municipios para que la clase política local pueda llenar sus tanques de campaña. Ojalá el Gobierno reconsiderara esa postura y, más bien, buscara la manera de concertar mecanismos eficaces para controlar el uso criminal del dinero en efectivo de cara a las elecciones de octubre.

Las glorias de Gloria

 

Inmensa tristeza me produjo la muerte de Gloria Zea, a quien quise y admiré profundamente. Sus ejecutorias en el mundo del arte, la cultura, el teatro y la ópera la convirtieron en la mayor gestora cultural de todos los tiempos en Colombia, superando adversidades, derribando obstáculos, enfrentando tempestades a punta de perseverancia, dedicación, mística y compromiso. Soñaba en grande, y grande es su legado. Te recordaremos por siempre, querida Gloria. Gracias por todo lo que le diste a Colombia.

Escrito por: Juan Lozano

Fuente: eltiempo.com