En el Hay Festival el escritor Juan Gabriel Vásquez entrevistó al autor de ‘Los versos sátanicos’.

El antes novelista británico (y mucho antes, autor indio) y ahora escritor estadounidense Salman Rushdie está presentando su más reciente novela. Se llama ‘La decadencia de Nerón Golden’, un millonario de un país que no se quiere ni nombrar, porque Golden –que tampoco se llama realmente así– quiere reinventarse con todo y familia, convertido ahora en un millonario estadounidense en los tiempos del gobierno de Obama.

 

Sin embargo, la charla de Rushdie con el escritor Juan Gabriel Vásquez, encargado de entrevistarlo en el Hay Festival de Cartagena, comenzó con la influencia de García Márquez en la obra del autor de origen indio, algo que al parecer era “evidente”, incluso antes de que Rushdie supiera de la existencia de Gabo.

“Lo que me pasó fue que escribí una primera novela que fue un fracaso, antes de ‘Los hijos de la medianoche’ –explicó Rushdie ante el auditorio del Centro de Convenciones–. Se llamaba ‘Grimus’ y fue de ciencia ficción. Un amigo mío, que fue de las mismas personas que la leyó inicialmente, me dijo: ‘Obviamente has sido influenciado por García Márquez’. Y yo le dije: ‘¿Quién es?’ Y él dijo que fuera ‘ahora mismo’ a una librería y comprara una novela llamada ‘Cien años de soledad’. Respondí: ‘¿En serio? ¿Cien años?, ¿de soledad?’ No me sonaba que fuera un buen libro. Y él me dijo: ‘No sea idiota, vaya a la librería’. Le hice caso; la edición en inglés que existía tenía una portada de un cuadro, no sé si de Rivera o de otro muralista mexicano, con unos campesinos socialistas mirando hacia el futuro en una portada gris. Y compro de mala gana ese libro de campesinos socialistas mirando al futuro, en una portada gris llamada ‘Cien años…’ y cuando leí la primera frase me cautivó completamente. Me sumergí en el libro, entré en una especie de éxtasis. 

“Es un libro que me he leído muchas veces. La traducción al inglés es brillante. Gregory Rabassa decía, muy orgulloso, que en una rueda de prensa García Márquez había dicho que la traducción al inglés era mejor que el original en el español”.

Fue así como comenzó esa influencia. A mediados de los años 70, Rushdie vio en las historias de Gabo un “mundo familiar, muy similar a la India”, de donde venía. Encontró similitudes con su realidad que vivió. “Discrepancias entre ricos y pobres, influencia muy poderosa de la religión y del pasado colonial –dijo–. Son países en donde hay generales a los que les gusta tomarse el poder de vez en cuando, y donde hay corrupción. Entonces, estaba leyendo el libro de un mundo que me sonaba tan familiar”.

Sin embargo, Rushdie anota que hubo otras influencias en libros suyos como ‘Hijos de la medianoche’, además de la obra de Gabo; por ejemplo, ‘El tambor de hojalata’. Pero fue a partir de esta lectura que se acercó a otros autores latinoamericanos como Juan Rulfo y su Pedro Páramo.

“Fue así, pero la traducción de Pedro Páramo no era muy buena. Cuando lo leí no entendía cuál era la alharaca con ese libro. Veinte años después, con otra traducción, entendí también la relación entre Comala y Macondo. Empecé a leer a Alejo Carpentier, Vargas Llosa, Jorge Amado…”.

En una charla con Rushdie, es imposible dejar por fuera la historia de ‘Los versos satánicos’ (1988), el libro que le valió la sentencia de muerte que el ayatolah Jomeini impuso sobre él por haber ofendido al Islam. 

—Y luego él se murió —anotó Rushdie.

—Entonces, usted venció esa pelea… —afirmó Vásquez.

—Solo quería anotar: uno de nosotros sigue vivo. Ustedes habrán oído que la pluma es más fuerte que la espada. Así que no se metan con un novelista —dijo Rusdhie, generando aplausos y sonrisas entre el público.

Uno de nosotros sigue vivo. Ustedes habrán oído que la pluma es más fuerte que la espada. Así que no se metan con un novelista

 

‘Los versos satánicos’ fue una novela que cambió la vida de Rushdie y su idea sobre el papel del novelista en la sociedad. “Creo que me hizo valorar el arte de la literatura más de lo que ya lo valoraba. También me permitió ver que no soy el primer escritor que se ha metido en problemas. Dostoievsky se enfrentó a un pelotón; otro autor escribió un poema sobre el bigote de Stalin. Por alguna razón, a Stalin no le gustó y lo envió a un campo de trabajo. A Lorca lo persiguió Franco. Cuando uno empieza a analizar eso y se da cuenta de que muchos de los autores respondieron de manera heroica. Dostoievski salió de ese evento traumático a escribir una obra maestra. Entonces, cuando me tocó dije: ‘Bueno, este es nuestro trabajo. Tengo que vivirlo’. Pude darme por vencido, eso me hizo valorar más la libertad de expresión. Porque si uno vive en estos países donde hay libertad de expresión, la gente no le da importancia. Si existe el aire para respirar, la gente no le da importancia, pero si no tiene el aire, empieza a darse cuenta. 

Sobre el regreso a la vida normal, ya sin vivir escondiéndose y escoltado todo el tiempo, Rushdie también escribió un libro, en el que su personaje Josep Anthony narra en tercera persona su experiencia. 

“En los años de protección policiaca, me pidieron que encontrara un seudónimo que pudiera utilizarse para alquilar casas en donde fuera a vivir. Entonces saqué el nombre de Joseph Conrad y Antón Chejov, porque pensaba que Conrad escribía muy bien sobre un mundo secreto, sobre espías e intriga, y yo me encontraba en ese mundo. Y Chejov, porque escribía sobre el aislamiento y la nostalgia, sentimientos que tenía yo en todo momento. Empecé a escribir el libro en primera persona, como uno haría cuando escribe sobre su vida. No me gustó. Me parecía narcisista. Quería que el libro diera la impresión de ser un relato novelesco y el problema con la primera persona en una autobiografía es que el personaje que habla desde su yo tiene experiencias diferentes a las de los demás personajes, entonces, en tercera persona este personaje es uno entre tantos otros y puede tener sus propias experiencias”.

Rushdie explicó que ese libro autobiográfico tomó distancia de años en escribirse, no lo hizo inmediatamente se liberó de la fatua que lo condenaba. Dice el autor que cuando las cosas volvieron a lo normal, no quiso sumarles a los diez años de esa “situación tan precaria”, un año más escribiendo el tema y otros dos años seguidos promocionando el libro. “Era como volver a ponerme detrás de los barrotes de esa cárcel (…). Además, quería estar seguro de saber cuál era el final del relato. Quería tener la certeza de que cuando pusiera la palabra fin, era verdaderamente el fin”.

En la entrevista, Rushdie también dio su análisis sobre la forma como se abordó la tragedia de la revista satírica ‘Charlie Hebdó’, en 2015, y la reacción de la gente y los medios: “Pensé que nadie había aprendido absolutamente nada, y eso fue deprimente. Porque nadie había leído ese periódico, era una revista que estaba en las puertas de la muerte, que vendía 20.000 ejemplares, y no creo que ningún musulmán francés hubiera leído ‘Charlie Hebdó’ ni se hubiera sentido insultado. Uno tiene que haberlo leído para sentirse ofendido. Era una serie de caricaturistas envejecidos, radicales del 68, que se divertían los unos con los otros y eran personajes a los que se les tenía admiración en Francia. Luego llegan personas y los asesinan, y hubo personas de la izquierda, lo que es deprimente, que no estaban dispuestas a defenderlos. Era un verdadero escándalo porque una de las cosas sobre los prejuicios es que aparentemente les son indiferentes a la verdad. ‘Le Monde’, después del incidente, hizo una investigación sobre 10 años de la primera página de ‘Charlie Hebdó’, y ¿saben cuántas tenían que ver con el islam? Seis. Muchas más criticaban al papa y a Sarkozi. Entonces era una revista antifascista, antiestado, y se la acusaba de todo lo contrario, simplemente por personas ignorantes de lo que representaba".

El tema de la charla pasó, cerca del final, por la novela reciente, por la relación de esta con la elección de Trump y los rasgos que hay del presidente estadounidense regados en ciertos personajes de ‘La decadencia de Nerón Golden’: 

“La mayor parte de la novela no tiene que ver con Trump. Hace una aparición. La gente dice que se debe tener cuidado de no escribir sobre acontecimientos demasiado cercanos; tengo la impresión de que en algún texto de Hemingway, él dice que es mejor el matador que se acerca más al toro. Al tratar de escribir un libro en el momento exacto de los acontecimientos, se da esa sensación de estar toreando muy cerca. Pero es emocionante, de pronto estúpido y fatal, pero emocionante. Sientes que si lo haces mal, el libro va a ser irrelevante inmediatamente, como un periódico de ayer. Pero si tienes suerte, vas a poder capturar un momento de la historia. Creo que algunas de las grandes novelas han logrado hacer eso. Por ejemplo, ‘El Gran Gatsby’. Quise hacer eso. Pero si las elecciones hubieran tenido un desenlace diferente, no hubiera tenido que trabajar mucho el texto, porque el texto no es sobre Trump sino sobre la polarización en un país que no se pone de acuerdo acerca de la verdad y el narrador; un joven cineasta está muy preocupado por la verdad, y esa preocupación sigue independientemente de quien hubiera ganado.

Yo no pensé que Trump fuera a ganar las elecciones. Yo fui a votar y dije: ‘Esta noche tendremos una presidenta’. Mi libro sabía qué iba a pasar, pero yo no sabía. Sí ven la sabiduría de una novela. La lógica del libro fue una demostración de algo que para mí es muy cierto y es que la obra de arte es más cierta que el artista, la obra sabe cosas que el artista ignora o no es consciente”. 

En medio de la charla, Rushdie hizo énfasis en su nueva nacionalidad, la estadounidense, y en su relación con ese personaje suyo Nerón Golden, que llega a rehacer allí su vida. “Sin embargo –explicó–, quería que el narrador de su historia no fuera yo, quería que fuera alguien opuesto a mí, mucho más joven, que estuviera en sus años veinte y que esa juventud fuera el ángulo desde el que viéramos la historia. Ese narrador nació y creció en Nueva York, y vemos cómo está viendo el actuar de estos inmigrantes”. Fuente : El Tiempo