Según la Asamblea de ONU Medio Ambiente, que se está celebrando en Nairobi (Kenia) del 5 al 7 de diciembre. Resistencia a los antimicrobianos lidera la lista.

Sin lugar a dudas los retos que enfrenta el mundo son varios. Unos políticos, otros, económicos, algunos relativos a crisis sociales y, casi todos, atravesados por rasgos ambientales. Por esto, en un intento por definir cuáles son los principales riesgos que enfrenta el planeta, y con ellos la humanidad que lo habita, la Asamblea de ONU Medio Ambiente, que estará reunida hasta el 7 de diciembre, publicó el informe Frontiers 2017. Un documento que alerta sobre los seis principales desafíos que tiene el planeta. La resistencia a los antimicrobiana, alerta el informe, se lleva el primer lugar.

Resistencia a los antimicrobianos

“La resistencia a los antibióticos es un fenómeno serio y creciente que se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de salud pública del siglo XXI”. Esta es la frase con la que el informe Frontiers 2017 busca alertar sobre uno de los mayores problemas de salud que enfrenta la humanidad y sobre la cual ya se había pronunciado la Organización Mundial de la Salud.La administración persistente y a menudo innecesaria de antibióticos en los últimos 70 años ha llevado a una creciente resistencia antimicrobiana, cuyas cepas han sido bautizadas como superbacterias.

Uno de las fuentes de este problema, según el documento, son las plantas de tratamiento de aguas residuales. La solución ambiental, por ende, podría estar relacionada con reducir y eliminar el uso de productos farmacéuticos antibióticos y la implementación de controles de infección sobre las vías de transmisión fecal-oral extendidas. “De esta forma, podremos reducir la velocidad a la que surgen nuevos mecanismos de resistencia. Sin embargo, más que nada, debemos comprender más sobre la evolución y transmisión de la resistencia en entornos naturales, para determinar las mejores políticas sobre el uso y la gestión de residuos”, afirma el informe.

Someter a las tormentas de arena y polvo

Respirar polvo y partículas de arena generar varios problemas de salud, como asma, bronquitis o irritación de la piel. Incluso se han reportado brotes de meningitis por esta razón. En ciudades donde la exposición a estas partículas es crónica, también se han regustrado muertes prematuras por enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cáncer de pulmón. Esto sin contar otros problemas como daños a cosechas, infraestructura, ganados y desertificación. Ante esto el informe Frontiers 2017 propone sistemas de alerta temprana y reducción de riesgos a coro plazo, así como encontrar un camino más sostenible en el uso de tierra y agua a largo plazo.


Éxodo: humanos en el Antropoceno (o como el cambio climático está generando migraciones)

A finales de 2016 más de 65 millones de personas tuvieron que desplazarse forzosamente por causas naturales o conflictos: un número mayor que en cualquier momento desde el final de la Segunda Guerra Mundial. En el continente africano hay más países afectados por desplazados que cualquier otro continente o región y, en 2015, acogía a más de 15 millones de personas que tenían desplazados dentro de su propio país por varias razones, incluidas las relacionadas con el medio ambiente. En los últimos 70 años, al menos el 40% de los conflictos nacionales estaba relacionado con el control de tierra o agua. 

Todas razones suficientes para que las migraciones se posicionaran en la lista de ONU Medio Ambiente. “Si la experiencia de los refugiados de los eventos relacionados con el clima son una indicación, tendremos que hacer más que simplemente responder a las recurrentes crisis. Los próximos años serán fundamentales para el desarrollo de una base más efectiva, compasiva y basada en los derechos de enfoque al desplazamiento humano”, afirma el informe.

Áreas marinas protegidas: atravesando el corazón del desarrollo sostenible

Que el mar esté sobre explotado y se convierta en una de las prioridades de ONU Ambiente no es una sorpresa. La sobrepesca, la contaminación por plástico, el turismo, la pérdida de corales y el cambio climático lo han llevado a un punto de estrés nunca antes visto.

Las áreas marinas protegidas son una solución que puede acordarse comúnmente. En 15 años el área marina protegida ha aumentado 5.1% (18.5 millones km2). Sin embargo, en términos prácticos esto no es suficiente.

Acceso universal a la energía limpia

Los retos energéticos siguen siendo muchos. Alrededor de 1.100 millones de personas en el mundo carecen de acceso a energía, a lo que se suman otros 1.000 millones que disponen de redes de electricidad, pero de forma inestable. Las estimaciones apuntan a que no se podrá alcanzar el acceso universal en 2030, cuando 780 millones de personas seguirán sin este servicio básico. Una meta a la que se suma el obstáculo de lograr hacerlo con una matriz energética limpia.

Por esto el informe Frontiers 2017 insiste en la importancia de políticas que ayuden a catapultar los mercados de energías verdes. El informe, sin embargo, alerta también de la necesidad de pensar en una gestión sostenible de los residuos generados por los productos solares, destinados a incrementarse en las próximas décadas.

Nanopartículas

Las nanopartículas, junto a la inteligencia artificial y la biología sintética, podrían solucionar parte de los problemas de la industria. Están en industria alimentaria, cosmética, ropa y dispositivos electrónicos. Sin embargo, el informe señala: “La gente quiere saber más sobre ellos y lo que pueden hacer. Pero también quieren saber si los nanomateriales artificiales o naturales suponen una amenaza para nuestro mundo o presagio un futuro lleno de oportunidades y productos innovadores”.

Algunos materiales en su versión nano son objeto de estudio por un posible vínculo con inflamaciones pulmonares, la alteración de la función de determinados órganos o del sistema inmunitario. Fuente : El Espectador

La Unidad Técnica Ozono del Ministerio de Ambiente (UTO) fue reconocida con el Ozone Award 2017 en la celebración de los 30 años del Protocolo de Montreal.
La Unidad Técnica Ozono de Colombia, del Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible fue reconocida como una de las mejores unidades de trabajo en el mundo en la categoría de Liderazgo Político para la mitigación del agujero de la capa de ozono en el cierre de las celebraciones por el 30° aniversario del Protocolo de Montreal.

Los 'Ozone Awards' son entregados cada 10 años como reconocimiento a gobiernos, equipos, funcionarios y científicos que hayan adelantado una labor importante en la implementación del Protocolo de Montreal, diseñado en 1989 para proteger la capa de ozono a través de compromisos para la reducción de la producción y el consumo de las sustancias que son responsables del agotamiento de la misma.

Según un documento de la Unidad Técnica Ozono, además de jornadas de concientización ambiental realizadas con niños del país, el pilar de las acciones que llevan a cabo se llama “Plan Nacional de Eliminación”, que son las estrategias que diseña un país para cumplir con los calendarios de eliminación de las sustancias agotadoras de la capa de ozono (SAO), según el Protocolo de Montreal, y financiadas por el Fondo Multilateral del Protocolo de Montreal.

En Colombia, y de acuerdo con el cónsul colombiano Sergio Otálora, quien recibió el premio a nombre de Colombia, “estos avances han sido posibles gracias al apoyo del Fondo Multilateral, que a la fecha ha aprobado más de 94 proyectos presentados por la Unidad Técnica Ozono, por un valor de 36 millones de dólares, lo que ha fortalecido los mecanismos para reducir 1930 toneladas de SAO”.

Estos proyectos de mitigación comenzaron en 1994, un año después de que se creara la UTO, sancionados en la misma ley en la que se creó el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (Ley 99 de 1993). Los primeros proyectos fueron iniciativa del PNUD y de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI) a través de un proyecto que se llamó “Programa País”.

Según cuenta la UTO en su página, se avanzó en la obligación del congelamiento de consumo de clorofluorocarbonos (CFC) para 1999 y de halones para 2002. Los CFC son gases que contienen cloro, flúor y carbono que son usados como propelente de aerosoles, como aislante término o como agente en la industria de la refrigeración, y que por su acumulación en la atmósfera son reconocidos como causantes en la destrucción de la capa de ozono.

Los halones, por otro lado, eran el compuesto principal de los gases extintores de incendios, hoy retirados del mercado y reemplazados por el gas inergén.

Entre 2002 y 2007, en Colombia se redujo el consumo de Bromuro de Metilo, que es un plaguicida que se usa sobre todo en embarcaciones de mercancía perecedera, y Tricloroetano, un solvente y reactivo químico para laboratorios. Hacia 2004, en Colombia se usaba menos de una tonelada para laboratorios químicos y cerca de dos toneladas en una empresa que a la fecha lo usaba como agente de proceso.

Los proyectos que aprobó el Fondo Multilateral para Colombia estaban destinados a mitigar la producción de SAO en cuatro empresas que producían 226 toneladas al año en estos compuestos, dos empresas de espumas de poliestireno que producían 320 toneladas, y tres proyectos de refrigeración comercial que producían 52.4 toneladas de SAO al año. Según el Ministerio de Ambiente, la mayoría de estos compuestos han sido reemplazados por otros menos contaminantes en Colombia.

La meta que se trazó Colombia para cumplir con el cronograma del Protocolo de Montreal es que entre 2011 y 2015, se redujera el 10% del consumo de Hidroclorofluorocarbonos (HCFC), un compuesto presente en las neveras domésticas, aerosoles y aires acondicionados que se manufacturan y se usan en el país. Según Leidy María Suárez, la coordinadora nacional de la UTO, el premio llega “por haber cumplido con todos los cronogramas de eliminación de las sustancias agotadoras de la capa de ozono y además, por lograr, en la ejecución de los proyectos adelantados, una sinergia muy exitosa en el país con todas las metas de cambio climático y eficiencia energética”.

Entre otras políticas nacionales relacionadas con el cumplimiento del Protocolo de Montreal, se han insertado la de Residuos Peligrosos, la de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, y el Programa de Uso Racional y Eficiente de Energía y la Estrategia Colombiana de Desarrollo Bajo en Carbono. Fuente : El Espectador.

El aumento de espacios verdes en las ciudades y la mejora de los elementos en los parques ayudan a moderar el efecto 'isla de calor' urbana y, por tanto, a elevar el confort térmico de los usuarios.

En los parques se reduce la sensación térmica de calor, pero no se puede precisar con exactitud el alcance de esta amortiguación. Una investigadora de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) ha realizado, mediante una simulación, seis acabados superficiales en un parque y ha conseguido establecer las diferencias entre la temperatura fisiológica equivalente de cada situación.

Las conclusiones indican que aumentar el porcentaje de los espacios verdes en las ciudades y mejorar la disposición de los parámetros del paisaje pueden ayudar a moderar el efecto 'isla de calor' urbana y, por tanto, mejorar el confort térmico de los usuarios.

En el estudio llevado a cabo por Esther Higueras, miembro del Grupo de investigación Arquitectura Bioclimática en un entorno sostenible-ABIO, se analizó el potencial de modificación del confort térmico de un parque longitudinal siguiendo una estructura de cinturón (alrededor de 9 km) en Pekín o Beijing, así como los efectos de sus acabados superficiales mediante la simulación numérica con el software ENVI-met, un programa para simulación de interacciones de superficie-planta-aire.

La elección de Beijing se debe a que al poseer un clima continental húmedo afectado por monzones, el verano en esta ciudad se caracteriza por una extrema humedad y calor tórrido, por lo que se convierte en un sitio objetivo de muchos estudios relevantes sobre el microclima urbano y el confort térmico.

En la investigación realizada, los escenarios holísticos (vistos en conjunto) de distribución espacial y temporal del confort térmico del parque se obtuvieron en términos de 'temperatura fisiológica equivalente'. Se compararon zonas con hierba, arboladas con árboles de 10 m y 20 m de porte, zonas con agua, zonas con pavimento impermeable y edificaciones (las 6 simulaciones).

Mejor árboles altos y no suelo pavimentado

Las zonas con espacios verdes mostraron un mejor nivel de confort térmico que el resto, pero aparecen diferencias en algunos sitios descubiertos debido a la radiación solar y al efecto de reflexión de otros materiales superficiales. A las 14:00h, la sensación térmica personal promedio en las zonas verdes arroja una diferencia de unos 2°C. Los análisis de regresión muestran que el factor influyente más significativo en la moderación del confort térmico son los árboles más altos, mientras que el suelo pavimentado arroja un efecto negativo.

El modelo de simulación se ha realizado considerando la proporción de cada parámetro de diseño del paisaje en el parque objeto de estudio. Sin embargo, modificando esos porcentajes para ajustarlos a cada situación concreta, el modelo puede ser válido para mejorar las condiciones de confort térmico en otros parques.

Como señala Esther Higueras “el resultado del trabajo proporciona un conocimiento detallado de los beneficios reales de las zonas verdes sobre el confort térmico de las personas”.

Además, continúa la investigadora, “las conclusiones obtenidas permiten realizar sugerencias para los planificadores y diseñadores de parques urbanos como, por ejemplo, aumentar la cobertura de árboles más altos, implementar enfoques efectivos en los sitios descubiertos, reducir el porcentaje de terreno pavimentado y disponer los parámetros del paisaje teniendo en cuenta aspectos estéticos que pueden influir en la percepción subjetiva de la sensación térmica”. Fuente : El Espectador.

 

En un documento, expertos de 184 países advierten sobre la necesidad de tomar medidas urgentes. Dicen que la Tierra se aproxima a un punto en el que será muy difícil dar marcha atrás.

Las altas tasas de deforestación, la pérdida de agua dulce, la creciente contaminación de los océanos, la extinción de más especies y el sobrepoblamiento de la Tierra son algunos de los temas que más inquietan a la comunidad científica. Su preocupación la acaban de resumir en un manifiesto publicado en la revista BioScience, en el que hacen una advertencia sobe lo catastrófico que puede llegar a ser el futuro si no se toman medidas drásticas. El documento lo firman 15 mil científicos de 184 países.

Según el documento, liderado por William Ripple, de la U. del Estado de Oregón (EE.UU.), el daño que está sufriendo el planeta es “sustancial e irreversible”. “Los firmantes de esta segunda advertencia no sólo no están lanzando una falsa alarma, sino que están reconociendo que existen señales obvias de que estamos yendo por un camino insostenible”, le dijo Ripple a la agencia Sinc.

No es la primera vez que una gran comunidad de expertos se unen para prender las alarmas y hacer un urgente llamado de atención. En 1992, 1.700 científicos también se habían unido para lanzar una alerta sobre los efectos que estaba causando el hombre en el ambiente. De sus presiones surgieron iniciativas para proteger especies y promover las energías renovables.

En esta ocasión, los 15 mil científicos esperan que su mensaje llegue a los encargados de tomar decisiones. Muchos de ellos están ahora reunidos en Bonn, Alemania, en la Cumbre del Clima. La advertencia para ellos es concreta: “Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de nuestra trayectoria fallida”.

El sustento detrás de sus argumentos son cifras inquietantes: mientras la población humana ha aumentado 35 %, el número de reptiles, anfibios, aves, mamíferos y peces ha caído en 29 %. Además, ha habido una reducción de 26 % en la cantidad de agua dulce disponible por habitante y la pérdida de bosque asciende a más de 121 millones de hectáreas. Sólo en Colombia fueron taladas, en 2016, 178.597 hectáreas, 44 % más que en 2015. Fuente : El Espectador

Al comparar los mapas de 2015 con 2017, el Ideam reportó la transformación de 1.462,839 hectáreas, 1,86% del área del país en los diferentes ecosistemas reconocidos, siendo en jurisdicción de dos Corporaciones antioqueñas donde mayor área se transformó

La cifra fue divulgada al entregar el Mapa de Ecosistemas Continentales, Costeros y Marinos de Colombia, en el que se identificaron 91 ecosistemas generales naturales y transformados, de los, cuales 70 son naturales, entre continentales y marinos y 21 transformados.

El Ideam reveló que las zonas insulares fueron las que presentaron mayor transformación de sus ecosistemas naturales, con pérdida de 15,92 % con respecto al Mapa de 2015; le siguieron las zonas costeras con una pérdida del 2.86 % de sus ecosistemas naturales.

Así, los ecosistemas naturales que presentaron mayor transformación de área fueron:

Bosques basales húmedos (456.381.74 ha)

Sabanas estacionales (211.871.37 ha)

Sabanas inundables (138.490.02 ha)

Zonas pantanosas basales (198.373.71 ha)

Bosques inundables basales (136.514.37 ha)

Subxerofíticos basales (medio seco) (110.151.39 ha)

Además, la región natural Caribe con 8.3 %, fue la que tuvo el mayor porcentaje de

transformación de ecosistemas naturales, seguida de la Andina con 2.67 % de perdida de área.

El Mapa mostró que los departamentos con mayor transformación de área de ecosistemas naturales, fueron Caldas (14,54%) y Cundinamarca (12,23%), y donde se evidenció recuperación de áreas en los ecosistemas fueron Huila (7,71%) y Risaralda (4,87%).

Por Corporaciones ambientales, las de Antioquia, Cornare con -19.78%, en primer lugar, y Corantioquia con -15,7% en tercer puesto, sufrieron la mayor transformación de sus ecosistemas. El segundo lugar fue para la CAR, con -18,53%

Hubo recuperación de áreas en las corporaciones Corpomojana (7,76%), CAM (7,71%) y Carder (4,87%). Fuente : El Colombiano

Más de 150 millones de personas en América Latina viven en áreas que exceden los límites permitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2016.

 La mala calidad del aire de las metrópolis de América Latina, acentuada por la expansión de estas ciudades, puede provocar efectos nefastos para la salud, como infartos cerebrales y bronquitis, por lo que es necesario atender aquellas planificaciones urbanas que favorecen las emisiones contaminantes.

El director ejecutivo del Clean Air Institute, Sergio Sánchez, explicó a Efe que aunque "hay logros en algunas ciudades", más de 150 millones de personas en América Latina viven en áreas que exceden los límites permitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2016.
La contaminación del aire es causante del 36 % de las muertes de cáncer pulmonar, un 34 % de los fallecimientos por infartos y un 27 % de las enfermedades cardiacas, de acuerdo con datos de la OMS.

Las consecuencias asociadas con la polución pueden ir desde infartos cerebrales, paros cardiacos y asma hasta el envejecimiento prematuro de los pulmones en niños, bronquitis o inclusive padecimientos neurológicos.

"La población que habita a lo largo de corredores altamente transitados por vehículos muestra una correlación con el incremento de padecimientos como párkinson y alzheimer", afirma Sánchez.

Las ciudades continúan creciendo a velocidades desmesuradas y el parque vehicular aumenta debido a las largas distancias que se deben recorrer a causa de la actividad económica, también en aumento.

Esto, según explica el experto, "supone un mayor consumo de combustibles y una mayor generación de contaminantes", que no se ve detenida aunque los vehículos de ahora sean más limpios que los de hace veinte años.

Para analizar el origen de contaminación atmosférica, hay que pensar en la organización urbana. La expansión de las metrópolis de Latinoamérica, comenta Sánchez, es deudora de "patrones de desarrollo que se implantaron en ciudades de Estados Unidos", y que obligan a descentralizar la ciudad con diferentes áreas que comunican a los ciudadanos a pesar de las grandes distancias existentes entre unas y otras.

Por un lado, existen las zonas residenciales, por otro, las zonas productivas o comerciales, y así hasta completar kilométricas extensiones.
"Esa forma de planificar genera un incremento en la actividad del transporte, en la actividad que recorren los vehículos de uso privado y propicia la motorización", explicó Sánchez, y agregó que este aspecto obliga a que el ciudadano "tenga que dedicar un mayor tiempo al transporte hacia sus lugares de trabajo o actividades".

La expansión de la ciudad se puede analizar desde varios prismas, incluido el de la desigualdad social, puesto que existen asentamientos irregulares en las afueras de las ciudades en las que viven las personas con salarios más bajos que tienen que recorrer distancias kilométricas en el día a día para llegar a sus espacios laborales.

Este crecimiento requiere que los enfoques de planificación se modernicen, unidos a "acciones de fondo, de tipo estructural que vayan a la raíz de los problemas". Entre las posibles soluciones, Sánchez destacó un conjunto de acciones que permitan desincentivar el uso de vehículos motorizados, para que o no se realice el viaje, o se usen otros modos de transporte más limpios.

El teletrabajo es una de las opciones estrella entre este tipo de medidas, para que las habituales reuniones presenciales que se dan en muchas oficinas puedan llegar a ser sesiones de trabajo virtual.

En paralelo, debe incorporarse una expansión adecuada del transporte público, "ya que la proporción de viajes que satisfacen es marginal comparado con el total de viajes que se hacen en la ciudad", e incentivar el no motorizado, como la bicicleta, con el desarrollo de una infraestructura adecuada.
Los impuestos por congestión vehicular, que ya se aplican en ciudades europeas como Londres y Estocolmo, pueden servir también como un referente, afirma el experto.

Otra de las particularidades de América Latina es que, de acuerdo con Sánchez, no todas las ciudades miden la contaminación del aire, por "limitaciones regulatorias, falta de recursos o incluso por desentendimiento de las políticas públicas".

De las ciudades que sí realizan esta medición, "no todas llevan un control adecuado", comentó, mencionando inspecciones llevadas a cabo por Clean Air Institute en la que revisaron datos pero no tenían la suficiente credibilidad.

Las ciudades latinoamericanas con mayor concentración de partículas contaminantes (PM10 por sus siglas en inglés) son Lima, Bogotá y la zona metropolitana de Monterrey (México), según datos del Clean Air Institute.

(Fuente: El Espectador)