Indescriptible la conmoción de ver a Notre-Dame de París derritiéndose por el fuego en pocas horas. Una catedral que, al igual que el arquetipo de la cultura occidental, desafía la eternidad. Somos herederos de una soberbia inaudita que nos adueña del infinito sin entender su sentido. Pero así hemos sido construidos. Las llamas quizá pretendían purificarlo todo para permitirnos una recompensa al día siguiente: la luz del sol convertida en arcoíris en uno de los charcos que dejó el agua que llegó a socorrer un nuevo amanecer.

 

Al otro lado del mundo, en Japón, Ise Jingu, el mayor santuario sintoísta, es destruido y reconstruido cada 20 años desde que lo ordenó la emperatriz Jitô en 689. Allí está entronizada Amaterasu Ômikami, la diosa del sol, raíz de la casa imperial reinante. Esta condición hace del santuario algo muy especial para la familia del emperador, que tradicionalmente ha sido la guardiana del lugar. Hoy, la gran sacerdotisa es Sayako Kuroda, hija del emperador Akihito y quien ostentaba el título de Princesa Nori antes de contraer matrimonio.

 

Tal como lo describe F.G. Bock, en The Rites of Renewal at Ise, Monumenta Nipponica 29:1, “los templos de los dioses del Olimpo yacen en ruinas, testimonio destrozado de una gloria ahora extinta y una fe ahora fría. Pero en Ise, los majestuosos bosques albergan un grupo de edificios de madera sin adornos que se han reconstruido cada veinte años desde finales del siglo VII de nuestra era”. Edificios que, además, no tienen un solo clavo.

 

Tanto la catedral como el santuario están rodeados por el agua. La primera por el Sena y el segundo por las aguas cristalinas del río Isuzu. Ambos quizás signados por Heráclito: todo fluye. Y los dos dedicados a un culto femenino: María y Amaterasu. Ise sabe que no durará más de 20 años y que mantendrá sus puertas cerradas al público. Notre-Dame insistirá en la inmortalidad y seguirá acogiendo a sus visitantes. Aun así, no encontramos la síntesis entre lo eterno y lo efímero.

 

El bonzo budista Saka, que conocía bien la importancia política y cultural del sitio, llegó como peregrino a Ise en 1342 y allí fue consciente de las profundidades que se esconden en la edificación cuya construcción dura varios años. La cresta y las tablas cruzadas guardan varios secretos además del símbolo de la deidad, mientras el centro o pilar del corazón, al que se refiere el festival Yamaguchi, se nutre de mensajes esotéricos. Nada extraño, pues lo mismo podría decirse de los enigmas y misterios insondables que viven cual fantasmas en Notre-Dame, como el Pilar del Barquero del templo de Júpiter descubierto en 1710.

 

Al observar la oquedad que deja Notre-Dame, recuerdo a otro poeta peregrino afecto a Ise Jingu. Monje budista, como Saka, no podía acercarse al santuario por su condición religiosa, lo que lo obligó a contentarse con verlo desde lejos. Saigyô (1118-1190, fechas que coinciden con el inicio de la construcción de la catedral) escribió estos versos que hoy pueden ser nuestros intérpretes: “Ensimismado / pienso en el tiempo que todo lo muda: / oigo golpear / la campana del monasterio… sondeo / más a fondo su tañido y mi tristeza”.Regina Hall, Issa Rae, Marsai Martin y Justin Hartley como estrellas, esta comedia cuenta cómo una mujer vuelve a ser niña cuando las presiones de su vida adulta se vuelven demasiado insoportables.

 

Escrito Por: Fernando Barbosa

Gobierno y Congreso deben resolver necesidades de la gente y superar tanta pelea estéril.

 

Cargados de tigre, iniciando campañas locales, con la vía Panamericana bloqueada y la minga indígena en curso; con la crisis de Maduro con su régimen agonizante, que no puede vivir pero tampoco muere, y en medio de un estado de crispación generado por un sobredimensionamiento del impacto de las objeciones presidenciales a la ley estatutaria de la JEP, regresan los congresistas a sus sesiones ordinarias.

Es un Congreso pendular que va de un lado para el otro, sin bloques consolidados, conformando cada mañana mayorías circunstanciales y volátiles para cada proyecto, para cada proposición, para cada debate, producto de que ni el Gobierno ni la oposición lograron mayorías propias y cada votación depende de las posturas que adopten los partidos que se declararon independientes, como ‘la U’, Cambio Radical y el Partido Liberal, los cuales, para acabar de complicar la situación, enfrentan graves divisiones internas entre colaboracionistas y antigobiernistas.

Y pinta duro este período de sesiones, pues es muy corto, escasos tres meses; hay tarjetones a la vista, y la mayoría de los congresistas se juegan su pellejo político en los pueblos, barrios y veredas; hay decenas de proyectos de iniciativa parlamentaria represados, infinidad de debates ‘in pectore’, un confuso Plan de Desarrollo en trámite y una papa caliente que remueve muchas pasiones en curso, a partir de la necesidad de tramitar las objeciones presidenciales con prontitud.

La ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, tiene conocimiento profundo del Congreso y es una mujer laboriosa que viene haciendo un esfuerzo grande para cumplir con una tarea difícil. Pero la han dejado bastante sola. Muchos de sus ministros colegas brillan por su ausencia a la hora de poner el pecho, defender al Presidente y al Gobierno y levantar la voz por sus proyectos y políticas sectoriales. Les encanta salir en las fotos en los días de sol, pero cuando arranca la tempestad se esconden temerosos.

No obstante lo anterior, y teniendo presentes, cómo no, las importantes competencias del Congreso, el Gobierno no debería dejarse encerrar en la agenda parlamentaria ni en los recintos legislativos. Los grandes problemas de los colombianos están por fuera de la plaza de Bolívar. La agenda del presidente Duque debe ser la agenda ciudadana, la agenda que les toca la piel, el corazón y los bolsillos a los colombianos de a pie.

Y, aunque reconozco y aplaudo el liderazgo internacional que ha desplegado el presidente Duque frente a Venezuela, también es importante no venezolanizar tantas apuestas del Gobierno. La legitimidad cotidiana de un gobierno se juega en las respuestas eficaces para sus conciudadanos.

Finalmente, tendrá que ser el Gobierno un promotor de la transparencia en las elecciones territoriales, y poco favorece ese empeño el anuncio efectuado en días pasados en torno de la eliminación de la ley de garantías. Seguramente despertó aplausos entre alcaldes y congresistas, pero creo que marcaría un severo retroceso en el propósito de evitar que se roben la plata de nuestros municipios para que la clase política local pueda llenar sus tanques de campaña. Ojalá el Gobierno reconsiderara esa postura y, más bien, buscara la manera de concertar mecanismos eficaces para controlar el uso criminal del dinero en efectivo de cara a las elecciones de octubre.

Las glorias de Gloria

 

Inmensa tristeza me produjo la muerte de Gloria Zea, a quien quise y admiré profundamente. Sus ejecutorias en el mundo del arte, la cultura, el teatro y la ópera la convirtieron en la mayor gestora cultural de todos los tiempos en Colombia, superando adversidades, derribando obstáculos, enfrentando tempestades a punta de perseverancia, dedicación, mística y compromiso. Soñaba en grande, y grande es su legado. Te recordaremos por siempre, querida Gloria. Gracias por todo lo que le diste a Colombia.

Escrito por: Juan Lozano

Fuente: eltiempo.com

Nuevamente se abre la polémica sobre la activación del Programa de Erradicación de Cultivos Ilícitos con glifosato, a raíz de la audiencia pública del 7 de marzo del presente año, realizada por la Corte Constitucional, en la cual el presidente Iván Duque pidió a este tribunal moderar los términos acerca de cómo fue concebida la sentencia T-236 de 2017 que limitó las aspersiones con glifosato en áreas rurales en las que habitan comunidades indígenas y campesinas, basándose en el principio de precaución, por constituir una práctica que puede poner en riesgo la salud, la vida y el ambiente sano al cual tienen derecho dichas comunidades.

 

El mandatario, desde septiembre del 2018, comenzó a realizar declaraciones públicas sobre la necesidad de retomar las aspersiones con glifosato, según su criterio, respetando la sentencia de la Corte Constitucional, empleando para ello una fumigación controlada que no afecte el ambiente y la vida de las comunidades. De regresar las aspersiones aéreas, así sea con las precauciones técnicas del caso, estaríamos retrocediendo en términos de la construcción de una política sustentable que hace énfasis en los derechos de la naturaleza y de las comunidades a contar con un ambiente libre de sustancias químicas artificiales que contaminan el agua, el aire, el suelo e impactan notablemente el equilibro ecológico de los ecosistemas.

 

Desde finales de la década de 1970 comenzó la aspersión aérea con glifosato en Colombia, un herbicida que bloquea la actividad de una enzima presente en cualquier planta, desencadenando su muerte progresiva. La discusión sobre este tema en nuestro país ha girado alrededor de aspectos socioambientales, políticos y jurídicos que llaman la atención de todos los ciudadanos.

Los impactos en el medio ambiente y en la salud han sido denunciados sistemáticamente por las comunidades indígenas, que desde el principio cuestionaron el uso del herbicida en la Sierra Nevada de Santa Marta y en la serranía del Perijá en la década de 1980. La polémica medida, pese a los cuestionamientos, se extendió a lo largo del tiempo y del país. Las denuncias de nuestros indígenas y campesinos continuaron en los departamentos de Putumayo, Meta, Guaviare, Caquetá y Nariño, donde se vio afectada la salud de sus comunidades con enfermedades cutáneas y respiratorias, además de perder sus cultivos y observar un deterioro de la biodiversidad.

 

La razón política de los distintos gobiernos para mantener y desarrollar las aspersiones aéreas con glifosato ha obedecido a presiones externas, especialmente a la ejercida por Estados Unidos, país que certifica a las naciones comprometidas con la lucha antidrogas y por el correspondiente crecimiento de los cultivos ilícitos, lesionando de esta manera la soberanía y el derecho de autodeterminación del pueblo colombiano de resolver este complejo problema con propuestas sociales y ambientales que atiendan el abandono de las comunidades en las regiones apartadas del país, contribuyendo a su bienestar con programas de salud, educación y trabajo. Atacar los problemas estructurales asociados a la pobreza y al abandono es uno de los caminos para arrebatar a las comunidades de los intereses del narcotráfico que las usan para sus negocios lucrativos.

 

Desde el punto de vista ambiental, existen razones técnicas y científicas para reafirmar la prohibición de las aspersiones aéreas con glifosato, pues se trata de un herbicida que por sus propiedades físicas y químicas se disuelve y se absorbe fácilmente; actúa sobre cualquier tipo de planta, atentando contra la vida vegetal tan diversa y rica en nuestros ecosistemas y puede absorberse con facilidad en el suelo afectando la población fúngica y microbiana, de tal manera que afecta las cadenas tróficas de los suelos. Rápidamente puede alcanzar los corredores subterráneos de agua, contaminándola. De ser ingerido este herbicida por un ser humano, dada la exposición permanente que representan las aspersiones, puede devenir factor de riesgo asociado al cáncer, teniendo en cuenta que la Organización Mundial de la Salud calificó el herbicida como posible cancerígeno.

 

Desde el punto de vista legal, las luchas de las comunidades indígenas por la restitución de derechos han sido esenciales para que la Corte Constitucional se pronuncie y establezca medida de protección para que no vuelva la aspersión de manera inclemente.

 

Como colombianos y ciudadanos del planeta debemos profundizar en el análisis de esta problemática y actuar de manera crítica y responsable solicitando el respeto de los derechos de la madre tierra y de nuestros hermanos indígenas y campesinos que son los más vulnerados.

 

Escrito por: Leonardo Fabio Martínez Pérez

Fuente: elespectador.com

Lo de la frontera colombo-venezolana parece más una cortina de humo que una de hierro.

"Hoy es un día casi equivalente a lo que fue la caída del Muro de Berlín”. “La demolición del edificio de Pablo Escobar es derrotar la cultura de la ilegalidad”. Son dos infortunadas declaraciones de Iván Duque Márquez pronunciadas durante la semana pasada. La primera demuestra que en los muchos años que pasó en el BID, poco o nada aprendió de historia. ¿Cómo va a comparar el mierdero que se armó en Cúcuta con la caída del Muro de Berlín? Definitivamente desproporcionado, y deja ver algo de la megalomanía que respira su mesiánico patrón. Lo de la frontera colombo-venezolana parece más una cortina de humo que una de hierro.

Y, hablando del patrón de patrones, la segunda frase citada hace referencia a Escobar, el patrón del mal. Y una vez más me pregunto: ¿qué diablos tiene que ver la demolición de un edificio con la derrota de la cultura de la ilegalidad? Si se destruyeran todos los edificios, casas, conjuntos y apartamentos que las mafias construyeron en Bogotá, Medellín o Cali, tendríamos cientos de peñalosísticos parques sin árboles pero con canchas sintéticas de fútbol. Pero, vuelvo a la pregunta: ¿acaso ello derrotaría la cultura de la ilegalidad? Para acabar con la cultura de la ilegalidad habría que acabar con Colombia, de arriba abajo, pasando por el Congreso, siguiendo con la policía, vadeando por los togados... y sí, también atajando a los vendedores ambulantes. Una guerra con Venezuela podría ser un buen comienzo para lograr este fin.

Y, ya que estamos tan imbuidos en el tema de Venezuela, me pregunto qué habrá pasado entretanto en Colombia. ¿Qué fue de Hidroituango y las aguas arriba y aguas abajo? ¿Habrá renunciado el Fiscal finalmente, tal y como debería haberlo hecho hace rato? ¿Hay novedades sobre Andrés Felipe y el temor de Uribe a que lo extraditen? Todos sabemos que al tipo le iría mejor aquí que allá, pero algo incomoda al señor de El Ubérrimo.

Y regreso al tema de Venezuela, en el que se plantea no un dilema, sino más probablemente un trilema o, seguramente, incluso, un polilema, pues no hay de dónde escoger: no me gustan ni Trump, ni Uribe ni Maduro; ni Putin, debo agregar. Cuatro siniestros personajes en cuyas manos está hacer de la región un caos. Se recomiendan paciencia y sensatez y no caer en el belicismo tan preciado por los gobiernos republicanos y por nuestro presidente eterno.

Escrito por: Mauricio Pombo

Fuente: eltiempo.com

La represión de Maduro muestra la cara miserable del régimen.

 

El intento de la oposición de introducir 600 toneladas de ayuda humanitaria el sábado en Venezuela forzando unas fronteras cerradas a cal y canto por el régimen se ha saldado con un fracaso aparente. Es cierto que el material, principalmente enviado por EE UU, no llegó a sus destinatarios, los miles de venezolanos atrapados en un infierno de escasez extrema. Si ese era el objetivo del presidente encargado, Juan Guaidó, no se logró. Nicolás Maduro y sus huestes lograron impedirlo, pero lo hicieron desatando una represión tan violenta y a unos costes, tanto internos como externos, tan elevados, que no pueden más que volverse en su contra con el paso de los días.

 

En el frente interior, los voluntarios que intentaron hacer pasar los convoyes fueron repelidos a balazos y con gases lacrimógenos. Hay al menos cuatro muertos y decenas de heridos. El régimen ha dejado al descubierto su cara más miserable al quemar algunos camiones cargados de medicinas y alimentos. Miles de ciudadanos rodearon varios cuarteles para pedir que el Ejército abandone a Maduro. En el frente exterior, Guaidó puede presumir de que el régimen está más aislado que antes. La violencia desatada se vio en directo en todo el mundo y despertó amplias y contundentes condenas. Maduro rompió relaciones diplomáticas con Colombia. Ello se suma a los más de 60 países que han reconocido a los enviados del presidente encargado.

 

Todo ello se puede ver como un éxito de Guaidó. Y es probable que ese fuera en realidad el objetivo de toda la operación, y no entregar de forma efectiva alimentos y medicamentos. Es una estrategia no exenta de riesgos, el principal de los cuales consiste en que la oposición al chavismo se perciba como un instrumento en manos de EE UU. En cualquier caso, parece claro que se ha producido un punto de no retorno que habrá de conducir al final del régimen. La reacción del chavismo va a ser atrincherarse aún más en un ciego y violento instinto de supervivencia. La cuestión es cuánto daño más está dispuesto a infligir Maduro a los venezolanos antes de irse.

 

Escrito por: Rafael Hernández

Fuente: elpais.com

 

Norte de Santander es, al parecer, uno de los departamentos más visitados por el presidente Iván Duque.

Norte de Santander es, al parecer, uno de los departamentos más visitados por el presidente Iván Duque. Sin embargo, tenerlo acá genera un sentimiento que no va más allá de un gran beneplácito por su presencia y por su especial deferencia para preferirnos en su agenda de trabajo.

Está muy bien que demuestre su gran interés por solucionar problemas que, de muchas maneras, afectan las relaciones bilaterales entre Colombia y Venezuela, pero sería mejor si parte de esas energías las invirtiera en este lado de la frontera.

Porque —y estamos convencidos de que lo sabe— todos nuestros problemas no solo siguen vivos, atenazándonos, sino que cada día se complican, precisamente por la falta de interés y la demora en solucionarlos.

Cúcuta es una de las dos ciudades con mayor desempleo en Colombia, y la de mayor nivel de informalidad, con cifras que, en otras latitudes, son de escándalo y de atención inmediata —14/15% y 70/71%, respectivamente—, y con niveles de inseguridad más que preocupantes: en lo que va del año, en el departamento han asesinado a 76 personas —incluidas 10 de Venezuela— y de ellas 25 en Cúcuta.

Necesitamos planes para recuperar la economía regional y ahora que se avizora la posibilidad de un cambio en Venezuela, sería el momento ideal para emprender una campaña de industrialización de la región, con la mente puesta en producir muchas de las cosas que nuestros hermanos vecinos van a necesitar mientras recuperan su aparato productivo, alimenticio y demás.

En esto podría ayudar el gobierno central, incentivando de alguna forma la instalación de industrias que ayuden a recuperar para esta zona, ese mercado natural nuestro al que siempre hemos debido servir, de manera diferente al mero comercio minorista que tuvo tanto auge en buena parte de la segunda mitad del siglo pasado cuando la moneda venezolana era fuerte, y los compradores se volcaban hacia nuestras tiendas.

Sigue siendo una prioridad para nuestra región  la intervención del puente Mariano Ospina Pérez, que pende, literalmente, de una cuerda. También lo es  conocer los planes para proteger al máximo el páramo de Santurbán, en relación con el cual los rumores sitúan allí a poderosas mineras auríferas; y para liquidar la corrupción enquistada en los organismos de seguridad, algo que tiene directa relación con la posibilidad de enfrentar al Eln y a las demás bandas criminales que operan en la frontera y se amparan en Venezuela.

Nada ha cambiado en los últimos seis meses en el Catatumbo, salvo mayores índices de criminalidad, de marginalidad, de incomunicación, y una inquietante presencia de empresas mineras y de promotores del latifundio, que no se compadecen de la necesidad de tierra para los campesinos pobres.

Una consecuencia de la inercia de las fuerzas militares, que dicen tener unos 14.000 hombres que nadie ve, ha sido el desplazamiento del Epl hacia Cúcuta: hoy controla desde Tibú hasta Sardinata, pasando por Puerto Santander —sede de los peores grupos de criminales— y la zona rural de Cúcuta, donde los cocales ya son dueños de 3.000 hectáreas. Como consecuencia de la extorsión del nuevo dueño del territorio, unas 30 empresas de carbón cerraron sus minas.

El sistema público de salud está colapsado —el Hospital Meoz registra hasta 50% de sobreocupación— y la deuda del Estado central crece indetenible, por razón de la atención gratuita a los inmigrantes venezolanos, mientras 9.600 escolares de los más pobres, entre ellos muchos hijos de colombianos retornados, carecen de aulas, maestros y otros recursos para estudiar.

 

Por razón del concierto, hoy en Cúcuta es día cívico. Ojalá haya muchos más días así, cuando a nuestra región también le ayuden a salir del atolladero…

Fuente: laopinion.com.co