Velia Vidal Romero, directora de la corporación educativa y cultural Motete, promovió la primera Fiesta de la lectura del Chocó, iniciativa civil del departamento con mayor analfabetismo en el país.   

 

 

Contrario a lo que proyecta la Organización de los Estados Iberoamericanos, OEI, con el apoyo del Ministerio de Educación para el 2018 en Colombia: “convertirlo en un territorio libre de analfabetismo”, los índices del Chocó, un lugar golpeado por el conflicto, muestran una constante: la negligencia. Además de liderar los más bajos niveles en cobertura y rendimiento educativo, esta región está entre los primeros lugares de la lista de departamentos con necesidades básicas insatisfechas, trabaja por salir de alí.

Por eso, celebró la primera edición de un encuentro en torno a la lectura en Quibdó, capital del departamento, que también registra el índice de mayor consumo de alcohol en todo el país –esto por encima de Antioquia, que ocupa el primer lugar en consumo de drogas ilícitas–, según el último estudio del Observatorio de Drogas en Colombia y que sí fue noticia.

El actual conflicto con el ELN, la presencia de las bandas asociadas a la minería, el tráfico de armas y estupefacientes, además de muchas problemáticas que van a persistir, son pugnas ordinarias en la vida común de los chocoanos y son corrientes en la agenda mediática. Así que regresar a una narrativa atractiva que los identifique de manera idiosincrásica, y que esté en sintonía con los requisitos de la meta de un organismo de cooperación internacional, tomará tiempo.

Así lo explica Velia Vidal Romero, directora de la corporación educativa y cultural Motete, quien al promover la primera Fiesta de la lectura y escritura del Chocó – Flecho (marzo 2018) -, sabe que como ciudadanos y gestores no es prudente esperar a que se fortalezca la institucionalidad hasta el punto de que ocurran las iniciativas. Basta con la voluntad, aduce, de encontrarse alrededor de una idea, en un espacio, con una mesa y dos sillas, a las que después se sumarán espectadores.

La Secretaría de Educación de Quibdó funciona bien, según Vidal, aunque sin un área dedicada a la promoción y fomento de lectura y escritura. A pesar de los incipientes esfuerzos apoyados por el Plan Nacional de Lectura y Escritura, PNLE, en cuyos objetivos está el de acompañar a las instituciones para que desde su autonomía promuevan y posicionen acciones; recuerda Vidal cuando trabajaba en Medellín, por ejemplo, en el Parque Biblioteca Fernando Botero, en San Cristóbal, donde eran 18 personas las que tenía a su cargo, de manera que entiende aunque no justifica, y en proporción, el alcance de las intenciones.

“Tanto el Ministerio de Educación como el Ministerio de Cultura han hecho un gran esfuerzo por hacer presencia en el Chocó con todas las estrategias, pero esto queda supeditado a las instituciones educativas porque, infortunadamente, Quibdó no tiene una Secretaría de Cultura y al no haber un ente local que pueda tener interlocución fluida con uno nacional, lo que pueden hacer lo hacen directamente y no de manera extensiva, de modo que no trasciende”, asegura.

De otro lado, es reconocible que en tanto la cadena del libro tiene un enfoque muy comercial, y pese a que la Fiesta de la Lectura del Chocó es un ejercicio de descentralización, Vidal sabe que si las necesidades básicas del cuerpo están insatisfechas, se entendería que difícilmente Quibdó sea el escenario más atrayente para una librería o editorial, además de tener las tasas de analfabetismo más altas, por encima de la media del país.  

“Los esfuerzo por promover el consumo del libro y por garantizar el derecho a la lectura deberían venir desde la institucionalidad. Ahora, ¿por qué no se trabaja en políticas públicas? Quibdó es un municipio que está en quiebra, oficialmente, no es una especulación, entonces se garantiza el funcionamiento y a través de regalías se financian otras cosas, pero como en todo el país la pirámide de las necesidades está invertida, entonces la cultura siempre termina siendo lo menos relevante, ¿no?”, cuestiona.

Para los gestores de este proyecto es importante retomar la forma auténtica de narrarse, razón por la que no se quedan quietos, pues por todos los golpes del conflicto, las historias alrededor del Chocó han sido de victimización y de carencia (naturaleza frecuente), así que urgen las formas orgánicas de leerse, que tienen que ver con la relación con la tierra, la relación con el agua, las tradiciones, las representaciones espirituales, entre otras, aunque tomará tiempo regresar a ellas. Fuente : El Espectador.