El periodo clásico será el eje del festival en la edición que tendrá lugar en el 2018.

El periodo clásico, reflejado en las obras de los compositores Haydn, Mozart y Beethoven, será el eje de la XII edición del Festival Internacional de Música de Cartagena, que se celebrará del 5 al 13 de enero del 2018. 

El director general del encuentro, Antonio Miscenà, explicó que los asistentes podrán deleitarse con las obras más representativas de estos tres grandes clásicos.

“Se podrán apreciar piezas de todo el repertorio y de todos los géneros. Para citar algunos, están las sinfonías 7 y 8 de Beethoven y varios de los más reconocidos conciertos de Mozart”, destacó. 

El director del festival calificó de “excepcionales” a los músicos que estarán en Cartagena. Entre ellos, “la Orquesta de Cámara de Múnich, Münchner, el Cuarteto Schumann y el joven pianista de la nueva generación, el austriaco Aaron Pilsan”.

También participarán la Filarmónica Joven de Colombia con algunas de las piezas clásicas del compositor Adolfo Mejía y el grupo de música andina Palos y Cuerdas. 

Durante el prelanzamiento del festival, que tuvo lugar el sábado en el teatro Adolfo Mejía, se presentaron la violinista alemana Tanja Becker-Bender y el pianista húngaro Péter Nagy.

(Fuente: El Tiempo)

Entre los grupos invitados está La Casa del Silencio, fundada por el caleño Juan Carlos Agudelo.

Con un acto especial en La Casa del Teatro Nacional, este lunes comienza en Bogotá la edición trece del festival Gestovivo, que se prolongará hasta el 2 de octubre y se enfoca en propuestas de teatro gestual. 
Entre los grupos invitados se destaca La Casa del Silencio, fundada por el caleño Juan Carlos Agudelo, quien fue discípulo del legendario mimo francés Marcel Marceau.

El grupo presentará este martes y el miércoles, en La Casa del Teatro, su más reciente producción, ‘Manú o la ilusión del tiempo’. La puesta en escena, concebida y protagonizada por Agudelo, gira alrededor de un soldado que está en el límite de los últimos días de una guerra y el regreso a su hogar y a los brazos de su amada.

“Es un viaje de retorno, un viaje a sus recuerdos, a sus referencias, a sus miedos, a sus sueños, a su fragilidad, a su faceta de niño... Uno fácilmente diría que el soldado está hablando de sus silencios en el monte, de sus ausencias, es otra forma poética de ver la guerra”, le aseguró Agudelo a EL TIEMPO en una entrevista reciente. 

Con una variedad de recursos teatrales, que van desde la manipulación de objetos, títeres y proyecciones, Agudelo logra retratar con una sensibilidad sobrecogedora la soledad del protagonista y, sobre todo, las cicatrices mentales que deja el conflicto armado. 

Al artista caleño lo acompañan en el escenario Crystian Solórzano y Rocío Rojas, quienes están encargados de la manipulación de objetos.

El Festival también tendrá como sede el Teatro La Libélula Dorada, en donde se presentará el grupo Drama Magdalena con su obra ‘La etimología de los adioses’ (25 de septiembre), de Julián Peña. 

En ese escenario también se podrán ver ‘Insomnio de vida o de la soledad y otros acompañantes’, de Marea Alta Producción Escénica (26 de septiembre), y Habitar, de Móvil Teatro Laboratorio (27 y 28 de septiembre).

La clausura del encuentro será en La Casa del Teatro con ‘La boda’, de La Troupe Teatro (2 de octubre).

(Fuente: El Tiempo)

Recitales de poesía, talleres, conferencias, pícnics y encuentros con escritores como Dani Umpi (El vestido de mamá, ¿A quién quiero engañar?) o Daniel Calabrese (Ruta Dos, Singladuras) forman parte de Septiembre Literario, la iniciativa de fomento y difusión de la lectura y la escritura, que desarrolla la Alcaldía Mayor de Bogotá, a través del Instituto Distrital de las Artes -Idartes.

Serán más de 50 eventos gratuitos en librerías, bibliotecas, parques, teatros, bibloestaciones de TransMilenio, universidades, auditorios e inclusive en plazas de mercado, que a lo largo de todo un mes, invitarán al disfrute, la reflexión y el conocimiento del mundo del libro y la literatura. Estas actividades se inscriben en los objetivos del Plan Distrital de Lectura y Escritura Leer es Volar, que busca estimular las capacidades y el gusto por la lectura y la escritura desde la primera infancia y a lo largo de la vida, así como aumentar los índices de lectura en la ciudad.

Aquellos que disfrutan de la literatura infantil encontrarán una magnífica oportunidad para compartir con la escritora e ilustradora Keiko Kasza, autora de éxitos literarios infantiles como El día de campo de don chancho, Choco encuentra una mama y Mi día de suerte, en una charla que se desarrollará el 25 de septiembre en el Teatro El parque.

Por su parte, desde el 15 de septiembre el autor uruguayo Dani Umpi será el invitado de honor de Bogotá Contada 5, programa con el que recorrerá la ciudad mientras habla con el público en bibliotecas, instituciones educativas, librerías y otros espacios, cerrando su participación en Lectura bajo los árboles.

La mexicana Norma Muñoz Ledo dialogará con sus lectores el sábado 16 de septiembre a las 4:00 p.m., en el Centro Cultural y Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo. Además, los amantes de la poesía podrán disfrutar de una variada oferta de más de 30 eventos relacionados con el tema, entre los cuales están autores como Gisela Galimi (Argentina), Paura Rodríguez Leyton (Bolivia), Emilio Coco (Italia), Sara Búho (España), entre otros.

Igualmente, pensando en los seguidores del género fantástico se llevarán a cabo, en bibliotecas públicas de la ciudad, cuatro charlas sobre diferentes obras de esta corriente narrativa. Harry Potter, Star Wars, Juego de tronos y algunos personajes de horror en la literatura serán los protagonistas de estos conversatorios.

Los niños y jóvenes de los Centros de Formación Artística Crea estarán entre los públicos más beneficiados pues recibirán las visitas de poetas, escritores de literatura infantil e ilustradores, tanto nacionales como extranjeros, que compartirán sus experiencias como artistas y contribuirán al fortalecimiento de los procesos de creación artística de estas poblaciones.

El evento más emblemático de Septiembre Literario será el sábado 23 y domingo 24, en el Parque Nacional, lugar en donde se realizará Lectura bajo los árboles, el festival de lectura al aire libre más grande del país, en un espacio en el cual los amantes de la literatura podrán compartir en familia o con amigos una variada oferta de eventos que incluyen presentaciones artísticas, trueque de libros, recitales en la fuente de poesía, lecturas en voz alta, conversatorios, talleres, presentaciones de Libro al viento y mucho más.

Leer en la ciudad

Bogotá, con un promedio de 2.7 libros por habitante al año, es la ciudad con el mejor índice de lectura del país. Sin embargo, el objetivo del alcalde Enrique Peñalosa es aumentar estos indicadores, pasando a 3.2 libros por habitantes al año y reduciendo de 2.0 a 1.6% el porcentaje de analfabetismo. Entre las estrategias planteadas para conseguir estas metas están la promoción de la lectura y la escritura desde la primera infancia con el fin de aumentar el número de libros leídos hasta llegar, al final del cuatrenio, a los 5.3 millones, ampliando en un 25% el número de textos disponibles en la ciudad.

Las plazas de mercado de Restrepo, Samper Mendoza, Trinidad Galán, 20 de julio y Kennedy también serán protagonistas de esta versión de Septiembre Literario, por lo que recibirán las visitas de escritores de literatura infantil e ilustradores quienes compartirán con los niños y jóvenes sus vivencias como artistas y lectores.

Cabe resaltar que el 16 y 17 del mismo mes, como parte de las actividades de Jazz al Parque, se realizará un Pícnic Literario en el parque El Country y los poetas Rodolfo Ramírez Soto, Patricia Suárez, Jorge Valbuena y Margarita Losada Vargas le pondrán el toque poético a este festival a través de interludios literarios.

Los libros también llegarán al sistema de transporte masivo Transmilenio y a los parques de la ciudad, pues en las bibloestaciones de los Portales de Usme, El Dorado y en la estacion del Ricaurte, así como en diferentes Paraderos para libros para parques, los usuarios podrán disfrutar de escritores como Guillermo Molina Morales (España), Hellman Pardo (Colombia), Héctor Freire (Argentina) y Alex Chico (España).

Septiembre Literario es una acción fundamental de este esfuerzo al que se vinculan la Cámara Colombiana del Libro, la Casa de Poesía Silva, el Festival de la Palabra (Instituto Caro y Cuervo – Ministerio de Cultura), la Corporación Babilonia, el Fondo de Cultura Económica, Moxinifadas de Gaspar, Corporación Ulrika y Festival Entreviñetas.

(Fuente : Estereofonica)

Los actores Vicky Hernández y Fabio Rubiano asumen el reto de la obra ‘Conejo blanco, conejo rojo’.

Solo cuando se sube al escenario, frente a todos los espectadores, el actor que protagonizará la obra ‘Conejo blanco, conejo rojo’ recibe en un sobre cerrado el texto que está por interpretar. Ese fue el planteamiento con el que el dramaturgo iraní Nassim Solimanpour diseñó este reto actoral, en el que el protagonista solo está armado de sus herramientas interpretativas. Y de un vaso de agua.

“Yo aquí estoy privada del susto”, cuenta Vicky Hernández, la primera actriz colombiana que interpretará la pieza, este 8 de septiembre, como parte del Festival Brújula al Sur, en Cali.

 “Es ese miedo que además impulsa, pero también es de respeto. Yo respeto mucho al público y pienso que aunque no haya estado haciendo teatro últimamente sí he estado actuando y aparte de eso ya son muchos años en escena, eso me permite tener un bagaje”, cuenta Hernández, una de las actrices más respetadas del país, quien no actuaba en teatro desde los primeros años de la década del 2000, cuando protagonizó el montaje de ‘Monólogos de la vagina’ y el unipersonal ‘Con el corazón abierto’. 

Solimanpour compuso este misterioso juego escénico como una manera metafórica de escapárseles a las restricciones militares que no le permitían salir de su país. Así construyó esta propuesta que le permite establecer una especie de diálogo con actores de otros países, como Whoopi Goldberg, Nathan Lane, F. Murray Abraham y el fallecido John Hurt, que ya lo han interpretado. Además de Hernández, en Cali también lo protagonizará el actor, director y dramaturgo Fabio Rubiano, el 9 de septiembre, mientras que en Bogotá habrá una temporada de cerca de un mes en el Auditorio Old Mutual, de la mano de la fundación T de Teatro.

Rubiano asegura que aceptó actuar en la obra porque siempre ha creído que el teatro debe estar en crisis “en el sentido dramático (...) desde que uno acepta hacer ‘Conejo blanco, conejo rojo’ entra en crisis, porque empieza a pensar ‘¿qué va a pasar?, ¿cómo va a salir?, ¿voy a quedar bien?, ¿voy a quedar mal?’ Empieza a jugar todo, el ego, la vanidad, el profesionalismo”, afirma.

Para Hernández, el factor clave de esta pieza es la innovación, algo en lo que se asemeja con las últimas producciones que había interpretado en teatro. 

“En su momento, ‘Las vaginas’ fue un experimento porque no se había montado como nosotros la montamos, desde todo punto de vista fue una cosa original y atrevida... ‘Con el corazón abierto’ también fue desafiante, un monólogo de dos horas escrito en un lenguaje de crónica para volverlo hecho teatral”, asegura. 

El hecho de no poder conocer de antemano las instrucciones de Solimanpour plantea la pregunta de cómo será la preparación de cada actor. Para Hernández, la respuesta es concreta: “La preparación son 50, 60 años de ejercicio actoral; si no me sirven ahí, creo que no me sirve ponerme a estudiar dos días”.

Rubiano cuenta que después de haber pensado en todos los tipos de preparación, también llegó a la conclusión de que la manera más honesta de asumir la creación de Solimanpour es la experiencia que cada uno ha tenido con su trabajo. 

“Decir ‘voy a entrenarme en impro, en comedia del arte, en estructuras dramatúrgicas’ es empezar a buscar seguros de vida y creo, hasta donde yo entiendo, que lo que menos necesita la historia es seguros de vida, es más una limpieza”, dice. 

Como cada hecho teatral, ‘Conejo blanco, conejo rojo’ se erige como un acto irrepetible, pero en este caso lo efímero va más allá. Hernández incluso asegura que así un actor lo haga dos veces, igual cada función será totalmente diferente. “Si el teatro cambia con una obra que está predeterminada y cambia según el público y las circunstancias de la función, imagínese con una cosa de estas”, añade. 

Ahí entra otro de los factores determinantes, la relación con el público. Rubiano, por ejemplo, cuenta que se la ha imaginado de las peores y mejores maneras. “Pero creo que si la pieza se ha mantenido durante tanto tiempo es porque hay una muy buena relación con el público y que el dramaturgo ha hecho un trabajo tan interesante, que hace que se mantenga y se siga representando en todo el mundo”, finaliza.

(Fuente: El Tiempo)

En septiembre se cumple medio siglo del comienzo de la travesía en la que cientos de músicos han explorado a los compositores sinfónicos más complejos, y también las raíces del vallenato o la cumbia, en busca de un sonido único. Recorrido por esa apasionante historia.

Ya vivía por la emoción artística y esa, suponía, podía sentirla junto al mar, en la pequeña ciudad porteña de Bulgaria donde nació o en Bogotá, la urbe en crecimiento contenido entre cerros y sabana. Con esa certeza, el maestro Orlin Petrov dejó su Varna natal, donde lo había vivido todo, y viajó hacia un país del que apenas tenía un par de referencias por la literatura de García Márquez. Atrás quedaba el hogar, pero se llevaba lo necesario. La música, su esencia y su espacio vital, se iba consigo.

Corrían los años 80 y en Bogotá, del otro lado de la cortina de hierro que partía el mundo, la Orquesta Filarmónica vivía momentos de gloria. Era 1983 y al auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional lo rodeaba una larga fila de asistentes ansiosos por comprar una boleta para escuchar al grupo, dirigido entonces por el maestro búlgaro Dimitr Manolov, que comenzaría ese día a interpretar un ciclo de las nueve sinfonías de Beethoven.

Y no era una época en la que se podía comprar en preventa. La fila para entrar al concierto comenzó al mediodía. A Manolov no le preocupaba la exagerada demanda ni el sobre cupo. Al público no le importaba quedarse de pie, treparse algunos pasamanos o sentarse en las escaleras. En todo caso, ni el atril más pequeño cabía en el León de Greiff. Los que no llegaron a tiempo para comprar la boleta se alborotaban a tal punto que rompieron algunos de los enormes vidrios del auditorio para entrar. “Era una necesidad de música más que un acto de vandalismo”, recuerda Ricardo Rozental, el curador de la exposición de la historia de la Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB). 

En esos conciertos, el ruido y el desorden de la entrada eran antesala para el silencio. Luego aparecía Manolov. Y como si fuera un vampiro, extendía sus alas, alzaba la batuta y marcaba el compás con la precisión del metrónomo más fino. Así se ve en una fotografía de entonces: con los hombros a la altura de la cabeza, como si no fueran sus articulaciones sino la música la que movía su cuerpo.

Y al final el silencio no regresaba. Cuando un recital del búlgaro llegaba a su fin, el público saltaba encima suyo para pedirle autógrafos, para tocarlo, o solo para estar cerca de él. Fue ese memorable director búlgaro el que le habló a Petrov de la vacante que había en la Orquesta para dirigir los oboes.

Petrov llegó el 21 de julio de 1984 a Colombia y una semana después tuvo su primer ensayo, en el teatro Jorge Eliécer Gaitán. Tocaron el Pájaro de Fuego de Stravinsky y él supo que la música, tan lejos de casa, producía la misma emoción, esa que, dice, después de escuchar o interpretar una obra "nos convierte en mejores personas". Pese a ese encuentro con la vocación, aún tenía sus búsquedas pendientes.

En sus primeros días en Colombia anduvo tras la pista, mapa en mano, del Macondo que le prometieron los libros García Márquez. No pudo encontrarlo, pero desde entonces cada que puede viaja al Caribe colombiano, tal vez porque no renuncia a hallar algo de ese mítico pueblo, o tal vez para reencontrarse con el mar, el que marcó sus primeros años en Bulgaria. La Filarmónica de Bogotá tenía un viaje similar por emprender.


Para que la OFB llegara al nivel de las mejores orquestas del mundo necesitaba emprender una travesía que explorara a los más grandes y más complejos músicos. Que pudiera interpretar a compositores que le dieran el estatus que hoy tiene. Y esa ambición la tuvo en los 90 el director chileno Francisco Retting, quien se embarcó con la Orquesta hacía un recorrido por las partituras de Mahler y Strauss. Durante toda su historia la Filarmónica ha interpretado un abanico extenso de obras del romanticismo, posromanticismo, clasicismo y del siglo XX.

Y la casa también suena. Por eso, la búsqueda también ha sido hacia adentro. Las composiciones autóctonas le han dado festividad y alegría a innumerables conciertos. A todos los directores titulares les han encargado hacer adaptaciones a la música sinfónica. La sencillez de los ritmos ha encajado perfectamente en la complejidad y diversidad que brindan los instrumentos sinfónicos. Bambuco, vallenato, cumbia y pasillo: la orquesta ha logrado con la música tradicional que los espectadores se levanten de sus sillas, dejen a un lado el formalismo que infunde el teatro y se pongan a bailar, a aplaudir, como si no fuera un concierto sinfónico sino una fiesta, donde se vale cantar y hacer bulla.

Estas expresiones quedaron registradas en valiosas grabaciones como Memorias musicales colombianas, una entrega anual que resaltaba la música tradicional o Jardines sonoros, en donde se hicieron adaptaciones a composiciones que contaban el mestizaje en América.

Mientras Petrov empezaba a comprender el español y a adaptarse a Colombia, Santiago Suárez crecía escuchando las grabaciones que el búlgaro, junto a su abuelo, el trompetista Gonzalo Suárez (uno de los fundadores del grupo), y el resto de la Orquesta hacía. En su casa nunca dejaba de sonar un LP de música colombiana de la OFB que todavía atesora. 

En 2005, el joven aspirante a percusionista tuvo detrás de él a la orquesta a la que admiró toda su vida. Con apenas 15 años iba a ser el solista en un concierto con la que siempre soñó. Tuvo más nervios en el primer ensayo que en la presentación definitiva. Sentía más presión por estar entre los otros músicos, los que creció escuchando, que por el mismo público. 

Tenía que interpretar el concierto para percusión y orquesta de Milhaud. Sin empezar a tocar, apenas sentado contando los compases ya se sentía pleno. Diez años después, Suárez es músico titular de la orquesta, como lo fue su abuelo, como lo sigue siendo Petrov después de tres décadas. Pero para logarlo estuvo vinculado antes como juvenil. De cierta forma, la sinfónica mayor es solo la fase más visible de una red musical que se extiende por toda la ciudad.
Durante sus 50 años a muchos les resultaría normal que la asociación de la orquesta con los auditorios de grandes dimensiones es natural, como llenar el Jorge Eliecer Gaitán, el León de Greiff, el Julio Mario Santodomingo o el Fabio Lozano. Pero también se ha vuelto natural ver a la orquesta en los barrios, colegios, iglesias y centros comunitarios. A la Filarmónica no le falta ninguna localidad de Bogotá por conocer.

El grupo siempre se ha conformado por jóvenes y maestros experimentados. Los primeros le imprimen energía y los segundos aportan peso musical. Rozental recuerda a uno que ha pasado por las dos facetas en la OFB: el joven director Andrés Orozco, quien volvió a la Orquesta luego de haberse ganado en Europa el apodo de “El milagro de Viena”. Su marca al dirigir es esa energía desbordada al marcar el compás, controlar el volumen y mantener los tiempos. “Creían que era exagerado, pero era natural”, dice el curador.

En un concierto a comienzos de este año, solo unos cuantos músicos aparecieron en el escenario del León de Greiff, donde tampoco se veían los instrumentos de viento. El público no entendía de qué se trataba. Orozco se paró en frente de los músicos y comenzó a escucharse el sonido amplificado de una obra de Andrés Posada. Orozco se contorsionó como poseído. Exagerado en apariencia. Pero aquel movimiento enérgico de torso y brazos tuvo sentido para los espectadores cuando los vientos aparecieron. No estaban en el escenario. Sonaban desde las esquinas del auditorio y arroparon al público, lo atraparon como en una emboscada de música. Por eso Orozco se movía de esa manera… tenía que dirigir a músicos que se encontraban a sus espaldas.

Antes de tocar en las orquesta de su país, antes de prestar el servicio militar, antes de siquiera saber la ubicación de Colombia en el mapa mundial, Orlin Petrov empezó a tocar el oboe en su pueblo. Solo había tres de esos instrumentos en Varna, y el joven aspirante tuvo que practicar muchas veces en su mente, sin el oboe en sus manos pero con la música adentro.

Cuando llegó a Colombia tenía la idea de regresar a casa pronto. Pero estalló la Perestroika, la reforma de Mijaíl Gorbachov para que las naciones comunistas agrupadas en la URSS hicieran el tránsito a un nuevo modelo económico. Fueron años de crisis y escases en Bulgaria y entonces Petrov decidió quedarse, casi refugiarse. En últimas, el viaje es pleno mientras tenga música.

(Fuente : Semana)

La feria empieza este martes y termina el 20 de agosto. En el evento participarán 14 representantes de las letras colombianas.

Este martes empieza la Feria Internacional del Libro de Panamá, en la que Colombia es el país invitado de honor, por lo que asistirá con una delegación de autores y contará con tres espacios en el evento, entre los que se incluye un estante infantil. 

Fonseca se presentará en la inauguración de la fiesta literaria panameña en una versión sinfónica en la que estará acompañado de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia. Este formato ha sido merecedor del Grammy Latino. 

Al evento asistirán catorce representantes de distintos géneros: narradores, poetas, periodistas y autores para niños y jóvenes, los cuales estarán durante los siete días que dura el encuentro realizando actividades de promoción de lectura. 

La delegación está conformado por William Ospina, Evelio Rosero, Piedad Bonnet, Jorge Franco, Octavio Escobar, Luis Noriega, Megan Melo, Nelson Romero, Horacio Benavides, Irene Vasco, Pilar Lozano, Amalia Low, Sindy Elefante, Jaime Abello Banfi. Invitados por otras instituciones asistirán la historia Diana Uribe, el periodista Dario Arizmendi y la ilustradora Amalia Andrade.  

La ministra de Cultura, Mariana Garcés, manifiesta que “compartir con el público panameño una muestra de la literatura, música, fotografía y, en general, la cultura colombiana constituye una oportunidad única para estrechar lazos y acortar las distancias entre los dos países”.

“Es una oportunidad para Colombia mostrar su producción literaria, no solamente la consolidada, sino sobre todo la joven literatura, lo nuevo, lo que apenas está iniciando. De ahí que la participación como país invitado nos hace doblemente responsables a todos, escritores y organizadores, para llevar al país vecino lo mejor del arte literario colombiano”, sostuvo Evelio Rosero.

La participación de Colombia será a través de tres estantes.En uno de ellos habrá una librería que contará con más de mil títulos de la producción nacional. A su vez, en el Pabellón Infantil, como país invitado de honor tendrá un espacio lectura con actividades permanentes para motivar la lectura de niños y jóvenes. Por último, se hará la exposición “Nereo y el río de nuestra vida”, con las fotografías de los viajes de Nereo López, uno de los fotoreporteros colombianos más importantes del siglo XX.

La exhibición de libros colombianos en el evento está a cargo de la Asociación Colombiana de Libreros Independientes, Acli.

La participación de Colombia se logró en conjunto entre el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, la Embajada de Colombia en Panamá, la Cámara Colombiana del Libro, el Instituto Distrital de las Artes –Idartes- y la Cámara Panameña del Libro.